INTRODUCCIÓN

Introducción:

Dentro de los Sami, una raza milenaria se ha mantenido en secreto. Los lobos basados en la naturaleza y el honor han logrado la supervivencia lejos del ojo humano.

La reserva es su hogar y transitaré en ella para conocer cada secreto. Es un gusto que ustedes me acompañen. Estoy segura que reirán y se emocionarán.

Por mi parte cada línea, cada párrafo sobre ellos, me ha llevado a un mundo de misterio y fascinación.

Lo siento no puedo prescindir de ellos. Ellos… también me han atrapado.

sábado, 6 de junio de 2020

¡Hola chicos! Nuevo capítulo y una escena que nadie deseaba pero irremediable al fin. Sé que en algún momento de la lectura habrán exclamado un "¡noooooooo!" Lo sé y los conozco. Debía ocurrir a como venían las cosas. Un beso, los dejo con el capi. Gracias a todos aquellos lectores que se molestan en comentar. Lou.


Capítulo 42.
Veneno eficaz.

Camile.


Repetidas veces golpee suavemente la lapicera sobre la libreta de notas mientras analizaba la información. No era mucha. Sabina no había sido muy específica en cuanto a los vampiros que habitaban Kirkenes. Pero sí había dicho claramente que debían ser tratados con cortesía porque Sebastien los conocía y daba fe que eran seres respetables.

Rodee los ojos… ¿Respetables? ¿Los vampiros? ¡Por favor!

Releí los nombres de los tres aquelarres. Sherpa, Gólubev, Huilliches. Por supuesto el extraño vampiro no pertenecía a los Craig. Los conocía desde hace tiempo y él era nuevo, extranjero por su tono al hablar. Poco y nada había escuchado palabras de su boca pero era suficiente para descartar que fuera noruego. Cabello oscuro, rasgos fuertes… No era anglosajón. Mucho menos un Sherpa porque de oriental no tenía nada.

¿Los Gólubev? Naaah, esos rusos rubios, distinguidos y arrogantes… ¿Sería Huilliche? La asesina de Fjellner era de ese aquelarre, Vilu Huilliche… No creía que alguien de esa familia estuviera pavoneándose en Kirkenes y mucho menos compartiendo la cama con Mike. A menos que… Mike no supiera quién era el vampiro.

Observé el registro de clientes… Mike Fjellner, Chelle Ovensen. No había aquelarre con ese apellido. ¿Qué estaba ocurriendo aquí? ¿Quién era Ovensen? Apellido noruego, y no era noruego…

En ese instante escuché a Mike y al vampiro bajar las escaleras. Cerré el libro de notas y ensayé una sonrisa. Con simpatía sacaría más provecho e información.

Ambos se detuvieron a mitad de la escalera. Mike lo retuvo y tironeó de su amante. El vampiro rio y lo abrazó. Se besaron por un buen rato mientras yo rodaba los ojos por segunda vez.

Al fin se separaron y Mike se adelantó hacia el escritorio.

—¡No Mike! –El vampiro bajó la escalera—. Esta vez pagaré yo y no hay discusión.
—Okay, amor –rio—. Iré por la moto. Te espero en la calle.

Sonreí al ver al vampiro acercarse con la billetera.

—Disculpe, ¿está bien así? –extendió un billete.
—Perfecto. Es la tarifa que muestra la vitrina. No te cobraremos más por ser vampiro –sonreí.
—Gracias.
Perdona, he hablado con la dueña del hotel y dijo que tuviera mucha consideración contigo. Así que ya ves.
—Gracias –bajó la vista—. Adiós.
—Adiós.

Casi llegando a la puerta exclamé.

—¡Señor Huilliche!

Y él se detuvo y me miró…

Sonreí.

—Regrese cuando lo desee.
—Gracias.

Mike.

Cuando me acerqué con la moto desde el estacionamiento, Chelle ya estaba en la puerta esperándome. Su rostro preocupado me dio curiosidad. Habíamos pasado una noche genial y ahora se lo veía muy pensativo con la vista clavada en las baldosas.

—¡Oye! ¿Qué ocurre?

Me miró y sonrió.

—Nada. Es un poco extraña la joven recepcionista.
—¿Camile? Es una idiota. ¿Te dijo algo malo? Hablaré con Sabina, es la dueña del hotel y la echará a la calle. Anda sube a la moto.
—No, calma. No me dijo nada malo. Solo que me extrañó como me llamó.
—¿Cómo te llamo?

Mi móvil sonó.

—Disculpa, es mi madre.
—Sí, no hay problema.
—¡Hola Mamá! Estoy bien, sé que desaparecí, disculpa…………………… ¿Qué?..............¿Cuándo ocurrió?.......................Joder……………….. ¿Están seguros de quien conducía?................................Conozco a Numa de nombre, es hermano de Douglas Craig.

Chelle alzó la ceja y se asombró al escucharme.

—Okay, no te preocupes. Estaré bien, sé cuidarme. Te veré en un rato…………………… Yo también te quiero.
—¿Qué ocurrió con Numa Craig?
—Pues lo atropellaron, iba en una moto.
—¿Cómo está? ¿Tu madre sabe algo?
—Se enteró por mi hermano, es doctor. Él lo operó. Parece que está grave.
—Pobre Numa… Es un buen chico. Sebastien y Douglas estarán desesperados.
—Hay algo más.
—¿Qué?
—Quién lo atropelló fue un lobo que suele estar ebrio.

Chelle bajó la vista y me miró con desconsuelo.

—Sí, lo sé. Un hecho más para que Sebastien Craig odie los lobos. Pero no te preocupes, nadie pueden interferir en nuestro amor. Te amo, Chelle.
—Yo también.

Lo abracé y me dio un beso en los labios.

—Es mejor que vayas a tu casa, yo iré al hospital.
—Está bien. Te alcanzaré y después iré a casa.
—Mejor no, Mike. El hospital queda cerca, iré caminando. En este momento que nos vean juntos no es buena idea.
—Tienes razón –di arranque a la moto—. Llámame para saber cómo sigue el chico.
—Lo haré.

Sebastien.


Sentado en una silla no apartaba la vista de esas benditas puertas cerradas que me separaban de mi hijo. Si tan solo pudiera abrazarlo y decirle al oído que todo iba a estar bien. Sin embargo no me permitían ingresar. Él estaba delicado y necesitaba tranquilidad. Cualquier emoción podría causar un desequilibrio en el cerebro dañado. Me habían informado que estaba en coma inducido para evitar sobresaltos. ¿Pero hasta cuándo?

Chelle se acercó y se sentó junto a mí. Puso su mano en el hombro.

—Ya saldrá adelante.
—Gracias, eso espero. ¿Tú cómo estás?
—Bien.
—¿Quién te avisó? Charles me dijo que no habías pasado la noche en la casa.
—Ah… No… Yo salí por ahí. Me enteré de casualidad.
—Cielos, hace horas y no hay buenas noticias. El doctor dijo que deben transcurrir al menos veinticuatro horas.
—Ten paciencia. Ustedes se merecen que no ocurra nada malo.

Lo miré.

—¿Y desde cuándo en la vida solo pasan cosas que mereces? Tú lo sabes bien –bajó la vista.
—No será el caso, verás. ¿Y Bianca?
—Trabajando. En tercer piso.

El parlante pequeño empotrado en una esquina del pasillo produjo unos ruidos casi imperceptibles y después la voz de una mujer.

“Doctor Fjellner se necesita con urgencia en Terapia Intensiva. Doctor Fjellner se necesita con urgencia en Terapia Intensiva.”

Salté como resorte y me puse de pie.

—¡Es el doctor de mi hijo!
—Tranquilo.

Scarlet y Charles estaban en el extremo del pasillo y apresurados se acercaron. Les siguieron Douglas y Marin que habían estado sentados junto a las puertas. Ekaterina se puso de pie. Había permanecido sentada apartada, cabizbaja y triste. Se acercó lentamente con el terror en su rostro.

—¿Qué está ocurriendo? –pregunté.
—Mantengamos la calma, Sebastien –aconsejó Scarlet—. Quizás es rutina.
—No es rutina, ¿no escuchaste? Dijo con urgencia.

La voz del parlante otra vez…

“Doctor Fjellner se necesita con urgencia en Terapia Intensiva. Doctor Fjellner se necesita con urgencia en Terapia Intensiva.”

En ese instante el cirujano avanzó rápidamente por el pasillo hacia las puertas de Terapia.

—¡Doctor! ¿Es mi hijo?
—Disculpe señor Craig, debo entrar.
—Okay… Joder…

Otra vez las puertas con un insolente e  indiferente vaivén frente a mi cara. A esperar otra vez…

Ekaterina se echó a llorar. Marin la abrazó. El rostro de Douglas se descompuso.

—A lo mejor no son malas noticias y Numa reaccionó –alentó Chelle no muy convencido.

Charles cogió a Douglas por un brazo a punto de desmayarse.

—Vamos, salgamos de aquí unos segundos. Comerás un sándwich.
—No quiero moverme de aquí.
—Tu padre se quedará, no te preocupes. Nada puedes hacer y menos si caes redondo por no alimentarte.

Lo arrastró convenciéndolo que empeoraría las cosas si continuaba en ese estado calamitoso.

Nosotros… comenzamos la lenta agonía de la espera de noticias. Siempre y cuando alguno de nosotros lo soportaría con obediencia.

Burnaby.

Apenas crucé las puertas noté el movimiento del personal al que ya estaba acostumbrado. Sabía perfectamente que no necesitaba llegar a la cama del paciente en riesgo, ni escuchar el sonido anormal de cada máquina que los conectaba a la vida para adivinar que algo andaba mal.

Giré el recodo de la sala y avancé sintiendo mi corazón acelerarse. Sí… Los médicos también nos asustamos.

Triny salió a mi encuentro.

—Doctor, el chico Craig.
—Lo imaginé. Dime la situación.

Avanzamos hacia el box de cortinas corridas mientras ella me ponía al tanto. En Terapia los pocos boxes de pacientes en riesgo no permanecían cerrados para mejor vigilancia de enfermeras y terapeutas así que de inmediato lo vi. Parecía convulsionar y antes de llegar a él y entrar al recinto de esterilización, mi fino oído escuchó el suave pitido de la máquina mezclado con el ronquido de su pecho.

Mark, un lobo que comenzaba las prácticas de enfermería, me ayudó con la bata y el barbijo al tiempo que me esterilizaba. Salí rápidamente de allí y entré al box de Numa. Dos enfermeros estaban con él. Sus movimientos ágiles, los rostros preocupados.

Numa abrió los ojos pero no miró los rostros que lo rodeaban sino un punto fijo. Acto seguido hizo lo que nunca deseamos que ocurra en un paciente. En un movimiento reflejo sus manos intentaron arrancar los tres catéteres y las sondas.

—¡No! —gritó Triny casi sin pensarlo— De inmediato cogió las ataduras para sujetarlo.

Los pacientes nunca se atan salvo situaciones extremas que puedan provocarse daño, esta era una de ellas. Pero había un pequeño detalle en Numa que el resto del personal no lo sabía. Su fuerza no era humana…

—¡Doctor, no puedo con él! ¡Jack, ayúdame! –pidió a otro enfermero.

Pero ninguno de los dos parecía controlar la situación.

—Doctor, el paciente tiene iris de color gris extraño. No es normal.

—¡Mark! –Lo llamé—. ¡Mark te necesito aquí!

Al acudir y ver el cuadro sus ojos canela me miraron fijo. Sin perder tiempo aferró las manos de Numa mientras yo trataba de poner en el lugar correcto la sonda y Triny preparaba la inyección para sedarlo. Numa llevó la mano a sus encías. ¡Mierda!

—Doctor, ¿qué le ocurre? –exclamó la enfermera.
—He visto cuadros así no se preocupe –mentí.

Triny sugirió.

—Doctor, iré por el cardiólogo si está de acuerdo.
—No, busque a Sebastien Craig. ¡Dígale que venga!
—¿Al padre del chico? –me miró asombrada.
—Haz lo que te digo y desalojen el box. Solo quiero a Mark conmigo. ¡Rápido!

El joven había arrancado el catéter intravenoso central ubicado en su cuello y la sonda vesical ubicada en la vejiga. Al menos el tubo endotraqueal continuaba en la posición correcta. Numa no respiraba por sí mismo desde que había llegado al hospital.

Sebastien llegó al instante y se detuvo con los ojos fijos en Numa.

—Este… no es mi hijo –balbuceó.

Cierto, a sus ojos parecería irreconocible. Equimosis, edemas, debido a traumatismos e intervenciones.

—Sí lo es, ayúdeme a sujetarlo.

Reaccionó en un instante y colaboró con Mark. Ambos pudieron atarlo mientras buscaba la arteria principal.

—Señor Craig necesito que vigile la atadura no puede soltarse otra vez.
—Okay, okay –respiró agitado.
—Mark, coloca el oxímetro en su dedo otra vez.
—Sí doctor.

El director Olaf Arve entró al box.

—¿Qué ocurre doctor Fjellner?
—Por favor, Olaf necesito que aguardes afuera.
—Estoy al tanto de todo por mi hijo, soy amigo del señor Craig –me miró—, me quedaré.
—¿Qué es eso en su cabeza? –tartamudeó el vampiro.
—Tranquilo, es la ventriculostomía. Controla la presión del cerebro y debemos estabilizarla ya mismo. Ahora que llegó el doctor me ayudará, puede esperar afuera, gracias por su ayuda.
—No me moveré de aquí.
—Señor Craig… Por favor, ha sido de gran ayuda pero ahora necesito que solo quede el personal.
—No interrumpiré, se lo juro –se apartó a un costado. No me aparte de mi hijo.
—Hay que sedarlo, Fjellner.
—Lo sé, Olaf. Hay algo más urgente –observé la máquina de presión arterial—. Sospecho un ataque cerebral y hay que detenerlo.

Inyecté rtPA lentamente mientras no perdía de vista el respirador.

—Veo una disritmia, parece haber tenido otra cuando llegué. No soportará una más.

De pronto la máquina de ritmo cardíaco produjo el sonido indeseable.

—¡Fjellner, está haciendo un paro!
—¡Lo sé Olaf! ¡Mark, las palas!
—Disculpe Fjellner, no creo sea buena idea el desfibrilador en este momento.
—¡No queda otra, me arriesgaré! ¡Rápido Mark!
—¿Qué van a hacerle a mi hijo? –el vampiro intentó acercarse.
—¡Manténgase allí, señor Craig! ¡Haga caso no puedo ocuparme de usted!
—Okay… Okay…

Mark colocó las palas sobre el pecho desnudo del chico.

—Fjellner, mejor esperamos –insistió—. En su estado no resistirá.
—¡A la cuenta de tres, Mark!
—¡Okay doctor! Estoy listo.
—Uno, dos, tres.

La descarga hizo saltar el cuerpo de Numa. Observé la pantalla sin resultado.

—¡Vamos Numa! –incité—. ¡Ayúdanos! ¡Vamos Numa! ¡Otra vez Mark!
—¡Okay doc!
—Una, dos, tres.

Nuevamente el cuerpo convulsionó. Después silencio… el cuerpo inmóvil. Mi respiración agitada al compás de mi corazón. Y el de él… Al fin…

La máquina mostro signo de ritmo cardíaco y el alma volvió a mi cuerpo.

Hubo suspiros. Cerré los ojos por unos segundos. Su vida había caminado por el fino pretil de un precipicio. Pero una vez más había echado a la muerte de allí. No era la hora ni el lugar y Numa seguiría con nosotros.

A los quince minutos de la crisis habíamos estabilizado a Numa y salí de allí lanzando la bata y el cubreboca al bote de basura. Olaf se quedó hablando con el vampiro. Felicité a Mark antes de abrir las puertas de salida. Él se notó preocupado a pesar del éxito.

—Doctor, Triny casi lo descubre.
—Lo sé. Al menos salimos del paso. Te pido que busques a Branden Arve y que solo ustedes dos queden en custodia de Numa Craig.
—Perfecto.
—No podemos correr el riesgo otra vez.

Apenas salí al pasillo una doctora vampiresa salió al cruce.

—¿Doctor Fjellner?
—Sí.
—Soy Bianca Craig, forense del hospital.
—Creo que… Me parece de mal gusto que esté pegada a Terapia.

Sonrió.

—No vine como forense. Soy la esposa de Sebastien Craig. ¿Cómo está Numa?
—Ah, lo siento… Mejor. Hay que esperar.
—Gracias.
—Por ahora, no la vamos a necesitar –sonreí.

Ella hizo una mueca graciosa.

—No sabe cuánto me alegra.


Chelle.


Salí de cafetería con el vaso de café humeante. Los Craig estaban más tranquilos con respecto a Numa. Hacía dos días que había ocurrido esa crisis y el chico parecía lucir estable. Me alegraba mucho sobre todo por Sebastien que en más de una oportunidad había creído que se desplomaría. Pero no… Era hijo de Adrien y como tal hacía honor a su estirpe. Valiente y fuerte. Daría lo que fuera por tener la mitad de su entereza. Como gozaban mis padres.

Por el angosto pasillo solitario abrí las puertas hacia la pequeña sala contigua de traumatología y me choqué con un rostro conocido.

—¡Profesor Ovensen!
—¡Robert! –reconocí a un alumno.
—¿Qué hace aquí? ¿Está enfermo o vino por un familiar?
—Estoy bien, es por mi familia pero ya está mejor.
—Me alegro.
—¿Y usted? –observé la escayola en su brazo.
—Ah pues, caí de la moto pero nada grave. Quebré el brazo y estaré dos meses con este yeso.
—Okay, cuídese entonces. Y haga caso.
—Sí –sonrió.

En ese instante la puerta se abrió y el aroma a lobo impregnó la nariz. Era el cirujano de Numa.

—Permiso disculpen.

Nos hicimos a un lado y mi alumno se despidió.

—Lo extrañamos. Me alegro de haberlo visto profesor Ovensen.
—Los extraño también. Suerte y pórtate bien.

Antes de seguir camino una voz me detuvo.

—Disculpe –el cirujano se acercó—. Escuché al pasar… ¿Usted es Ovensen, profesor de Universidad? ¿Enseña Geología?
—Sí, usted es el doctor de Numa, ¿no es así?
—Así es –extendió la mano—. Burnaby Fjellener, y… Soy hermano de Mike. ¿Sabe de quién hablo?
—¿De Mike? Oh… Sí… Soy su profesor.
—Por supuesto, Chelle Ovensen. Lo menciona a menudo.

Sonreí nervioso. Me daba un poco de vergüenza estar frente a alguien cercano a Mike. No conocía a nadie de la familia solo a su hermana Bua. Ignoraba si sabría que me acostaba con él.

—Quería darle las gracias, profesor.
—¿A mí?
—Sí –bajó la vista—. Mike no estaba bien después de algunos problemas personales y la muerte de mi padre. Usted lo sacó adelante e incluso no abandonó la Universidad.
—No fue nada.
—Para mí sí es importante. Creímos que caería en depresión sobre todo después del asesinato de mi padre. Fue traumatizante para todos pero para él…

Lo miré sin entender.

—Perdón, ¿asesinato? Me habló de su pérdida pero nunca mencionó…
—Así fue. Una vampiresa Huilliche lo mató en el bosque. Pero no se preocupe, no mezclo las cosas y sé que no todos los de su raza son así.

El pasillo giró sobre sí mismo y mi vaso de café cayó al suelo.

—¿Se siente bien? ¡Siéntese en el piso! ¿Sufre de hipertensión? –intentó usar el estetoscopio pero me aferré a su brazo.
—No, no… Yo estaré bien yo… ¡No puede ser! –estallé.

Él insistió y me ayudó a sentarme.

Un nudo en el estómago parecía apretar cada vez más aunque la visión borrosa de hace segundo iba desapareciendo. Mi corazón latía rápido. Comencé a transpirar.

 Traté de enfocar su rostro. Lo miré a los ojos.

—Tengo un caramelo. Debe comer algo dulce. Déjeme examinarlo.
—No, no… No puede ser…
—¿Qué le ocurre? ¿Qué es lo que no puede ser?
—Yo… Soy Huilliche –la angustia subió por mi garganta y mis ojos brillaron por lágrimas incipientes.
—¿Qué? ¡Su apellido es Ovensen! ¿De qué está hablando?

Negué repetidas veces con la cabeza y a duras penas me puse de pie.

—No es mi verdadero apellido. Soy Huilliche… ¡Lo siento de verdad!
—¿Huilliche? ¿Usted es de ese aquelarre?
—Sí… Yo… No lo sabía… lo de su padre… Mi hermana… ¡Perdón! Por favor, lo siento mucho.
—Sea más claro –el lobo juntó las cejas con enfado.
—Quien asesinó a su padre es… mi hermana.

Sus ojos se encendieron en segundos. Me cogió de la solapa y me encerró entre su cuerpo y la pared.

—¡Desgraciado!
—No, no soy como ella. No soy un asesino. ¡Se lo juro! –Mis lágrimas se deslizaron por el rostro—. No sabía quién era Mike. Nunca imaginé que su padre era la víctima de mi hermana.

Fueron instantes que creí que apretaría mi cuello hasta matarme pero no… Aflojó el amarre y me miró con angustia.

—Usted… hermano de la Huilliche… No puede ser… ¡Mike no lo sabe! ¡Estoy seguro!
—No, no sabe y yo también ignoraba. ¡Por favor, debe creerme!
—¿Por qué fue que cambió su apellido? ¡A propósito!
—No, fue Sebastien Craig para ayudarme a que ella no me encontrara. También corro peligro. ¡Se lo juro!

Respiró varias veces agitado y cerró los ojos por un momento.

Al abrirlos me observó como si estudiara minuciosamente las facciones.

—Vamos a suponer que le creo, pero Mike debe saber quién es su profesor. Merece saber la verdad.
—¡Es que yo lo ignoraba! ¡Juro que si no es por usted no lo hubiera sabido!
—¡Cállese! No quiero escucharlo. Solo le digo algo, ¡busque a Mike en la Universidad y dígaselo! Él admira a su profesor y debe conocer quién es realmente.

Lo miré a los ojos… Siempre había pensado que era cobarde como acusaba mi hermana burlándose, sin embargo creo que solo los valientes enfrentan una situación peligrosa que podrían evitar y huir.

—Yo… Yo soy algo más que su profesor.

El rostro del lobo quedó pétreo, quizás mientras asimilaba en segundos lo que significaba lo escuchado de mis labios. Abrió la boca sin decir palabra, creo que intentó pero no pudo.

—Lo amo –balbucee y sequé mis lágrimas.

Apartó la mirada de asombro de mí y recorrió con el iris húmedo alrededor. Como si las paredes pudieran dar explicación del destino.

—No puede ser –susurró—. No puede ser…
—Yo, lo siento pero…
—¡No quiero escucharlo! –Cubrió su cara con las manos—. Esto no puede estar ocurriendo.

Dos enfermeras abrieron la puerta conversando divertidas. Siguieron a cafetería mientras él trataba de sobreponerse y yo… parecía morir de a poco imaginando a Mike cuando supiera.

De pronto me miró fijo con furia.

—¡Dígaselo! ¡Le doy veinticuatro horas para hacerlo o se lo diré yo!

La puerta se cerró tras él y me quedé allí, no sé por cuánto tiempo. Quizás porque el tiempo para mí, ya no tenía valor alguno.


Douglas.

Me acerqué lentamente a la cama donde Numa yacía. Envuelto en cables y rodeado de máquinas molestas pero que lo mantenían con vida. Por suerte habían permitido que lo viéramos pero no podíamos quedarnos demasiado. La enfermera había sido clara, “quince minutos solo para familia. Necesita descansar”.

Mi padre tuvo el gesto de quedarse seis o siete minutos para que yo pudiera verlo. Era muy poco el tiempo a repartir porque hasta el otro día no se nos permitiría regresar a Terapia.

Contemplé a mi hermano y amigo en ese estado calamitoso. ¿Si no hubiéramos discutido? ¿Si al ver a Ekaterina con él le hubiera preguntado y dejado explicar? ¿Qué cambiaba la errante en nuestras vidas? ¿Qué no saliéramos juntos con nuestras parejas porque yo la detestaba? ¿Qué él se dividiera entre su pareja y yo que era su hermano y amigo? No era justo que aquello que imaginaba para nosotros en el correr de las vidas ya no fuera posible. Sin embargo, era más injusto verlo así…

Observé el reloj pulsera… Apenas había estado dos minutos y debía aprovechar los restantes seis. Mi mano intentó posarse en su mano inmóvil sobre el edredón inmaculado, pero me arrepentí.

—No, estoy seguro que no quieres verme –mis ojos se llenaron de lágrimas—. Perdón… Perdóname, por favor.

Miré el reloj nuevamente. Salí de allí sin pensarlo dos veces. Abrí la puerta que daba al pasillo y la vi… Sentada, cabizbaja, con las manos unidas en el regazo. No era familiar de Numa aunque era alguien muy importante para él.

—¡Ekaterina!

Levantó la vista y me miró apenada.

—Puedes pasar. Yo… ya estuve suficiente.

Se acercó apresurada y abrí la puerta de Terapia.

—Sigues tú. Creo que es a la única que necesita escuchar.

Con un tímido “gracias” entró a Terapia. Y me quedé allí, esperando. Quizás mañana o algún otro día, Numa desearía verme. O no… Era su decisión como cada cosa que proyectaría en su vida.

Sentí que no había perdido la oportunidad de aconsejarlo y guiarlo en su destino según el bien que a mí me parecía, había perdido mucho más. Acompañarlo y apoyarlo en cada decisión de su vida. Y ese resultado había sido únicamente mis acciones y responsabilidad.

Chelle.

Casi un día del fatídico instante que me enteré quien era Mike. Mi amor, el lobo de quien estaba perdidamente enamorado, era hijo de la víctima de mi hermana. Aún no podía creer las palabras de ese doctor que había salvado a Numa. “Mike no estaba bien después de algunos problemas personales y la muerte de mi padre. Usted lo sacó adelante e incluso no abandonó la Universidad”. En mi oído resonaba la frase mortal, “una vampiresa Huilliche lo mató en el bosque”. Una y otra vez, esa voz… “Una vampiresa Huilliche lo mató en el bosque”. Mi hermana, mi hermana siempre mi hermana entorpeciendo mi camino, arruinando mi felicidad y la de otros. Malvada, asesina, despiadada, que continuaba camino destruyendo todo a su paso sin que nadie suficientemente tan poderoso pudiera ponerle freno.

Cielos… Mike me odiará… Pensará con justa razón que mi apellido fue ocultado para engañarlo y acercarme a él… No… Yo lo amaba de verdad, nunca hubiera jugado con los sentimientos de nadie. Yo no era así… Debía creerme. Rogaba que así fuera.

Mike llegó puntual con su moto a las puertas del hotel. Bajó del vehículo con una sonrisa que iluminaba mi mundo. Lo amaba, había desterrado no solo mi miedo a los lobos sino que había descubierto en mí la esperanza de volver a enamorarme y sentirme feliz. ¿Y ahora? Estaba en sus manos.

—¡Mi amor! Parece que hace siglos no te veo. ¡Te extrañé!

Me atrajo de la nuca y me dio beso demoledor. Lo besé… Tratando de olvidarme por segundos quien era yo, quien era él. Quizás con el temor irremediable de no saber si sería nuestro último beso.

—¿Qué te ocurre? –me miró fijo al notar mis ojos brillosos—. ¡Perdón! Soy un idiota desconsiderado. ¿Cómo está el chico Numa? ¿Es eso? ¿Empeoró?
—No, parece que está mejor.
—Me alegro, de verdad. ¡Vamos! Está haciendo frio aquí en la acera. Ánimo, Sebastien Craig no tomará represalias si el chico está mejor.
—Sí, entremos.

Me pidió el documento para entregar en la mesa de recepción a esa chica loba que hoy en especial no dejó un segundo de mirarme mientras estaba aguardando a Mike en la entrada. Incluso hablaba por teléfono sin dejar de observarme.

Mike se adelantó con esa energía propia de él. La misma que me había impactado en clase, aunque la usara para contradecirme.

Subí las escaleras lentamente como si fuera un cadalso mientras Mike pedía la llave y entregaba los documentos. Me alcanzó a mitad de camino y bromeó.

—¡Oye! ¿Cómo sabes que iba a pedir la misma habitación de siempre? Tu cuerpo está amaestrado.

Sonreí apenas y lo esperé.

—Anda, cambia la cara. Todo estará bien.
—No lo sé –susurré.

Abrió la puerta y extendió la mano hacia el interior de la habitación.

—Tu lentitud para entrar me hará creer que no deseas estar conmigo. ¿Regresó tu miedo a los lobos? –sonrió y cerró la puerta tras mi espalda.
—No. No es eso.

Se acercó quitándose la chaqueta de cuero y camiseta. Su aliento tibio a menta rozó mi rostro.


—Dame un beso, no sabes todo lo que pensé en ti. Fantasee con que Sebastien Craig furioso por el accidente no te permitiera estar conmigo y yo lo enfrentaba. Bueno por ahora no lo sabe –guiñó un ojo y sus manos aferraron mis caderas—. ¿Sabes qué quiero que me hagas?
—Debemos hablar –lo interrumpí.

Bajó los brazos a los costados en actitud de rendición.

—¿Qué ocurre? ¿No has tenido un buen día?
—No, no he tenido un buen día.
—Okay, pienso cambiártelo en minutos. ¿Apuestas?

Acunó mi cara entre sus manos e intentó besarme.

—No, espera. Espera, por favor.
—¡Joder Chelle!
—No te enfades. Quiero que me escuches.
—Está bien –se sentó en la cama y me miró con el ceño fruncido.

En ese instante unos golpes llamaron a la puerta.

—¿Quién rayos es? –preguntó.

De un salto avanzó hacia la puerta y la abrió.

—¿Interrumpo?
—¡Kriger! ¿Qué diablos haces aquí?

El lobo entró a la habitación y me buscó con la mirada.

—¿Qué hago aquí? Abrirte los ojos ante este vampiro mentiroso.

Mi corazón se detuvo. Lo sabía, él lo sabía. ¿Pero cómo el hermano de Mike no había dicho nada a su propio hermano y al ex novio sí? No me cerraba. ¿Pero acaso importaba?

—¡Vete de aquí, Kriger!
—No, no me iré sin desenmascarar a este cretino que se ha burlado de ti. Para que veas que aún te amo y no deseo que abusen de tu bondad.
—¿Qué mierda estás hablando?

El lobo se acercó a mí con una sonrisa triunfal. Retrocedí unos pasos con mis ojos fijos en ese iris casi dorados.

—¿No se lo dijiste? –preguntó alzando la barbilla.
—¿Qué no me dijo? ¿De qué está hablando, Chelle?

Vi el rostro de Mike realmente preocupado.

—Iba a decírtelo –balbucee—. Juro que iba a contarte la verdad.
—¿Qué verdad? –el iris ámbar pareció apagarse.

Enmudecí. ¿Cómo empezar? Y frente a ese lobo extraño que aguardaba ansioso mi ruina.

—Es tarde, vampiro. Debiste decirle la verdad mucho antes. Ahora, se lo diré yo.

Abrí la boca y exclamé.

—¡No tienes derecho! ¡Déjame a solas con él!
—¿Para qué? Para que lo engañes con tu astucia y maldad.
—¡No! ¡Amo a Mike!
—¿De qué carajo están hablando? –gritó Mike.
—Te diré de qué hablamos. Este vampiro –me señaló con el dedo—, no es quien tú crees. ¡Es un Huilliche!
—¡Vete de aquí Kriger! Ya no sabes que inventar para hacerme la vida imposible.
—¿Vas a negarlo, vampiro? Dile la verdad. ¿Eres o no un Huilliche?

Callé…

—¿Eres o no Huilliche? –gritó el lobo
—Sí… Soy Huilliche.

Mike me miró y en su cara vi tantas emociones. La sorpresa, la inquietud, y el miedo… sí. El miedo a lo que yo iría a decir. No era tonto. Si el lobo hubiera mentido desde un principio lo hubiera echado de allí.

—Tu nombre es Chelle Ovensen –susurró Mike, como asegurando algo que ya era más que evidente.

Negué con la cabeza.

—No es mi verdadero apellido. Soy un Huilliche.
—¡Lo ves! ¡Desgraciado! ¡Ahora lo ves!

Mike juntó las cejas como si no entendiera nada, absolutamente nada de lo que allí ocurría. Sin embargo, sí entendía. Abrió la boca y la cerró. Bajó la vista y su cuerpo tembló imperceptiblemente.

—Puedo explicarte, por favor.

Esta vez sus ojos me apuntaron con furia.

—¿Qué quieres explicarme? ¿Me engañaste? ¿Por qué? ¿Venganza?
—¡No! Nunca te haría daño, ¡te amo!
—¡Ja! Pongo violines –rio el lobo.
—Por favor, Mike. Escúchame.
—¡Quiero que me digas ya mismo que tienes que ver con la asesina de mi padre!
—Por favor, Mike.
—¡Dime!
—Mi hermana… Vilu Huilliche es mi hermana.

Una bomba… Una bomba o algo parecieron detonar entre nosotros.

—¿Te das cuenta? Te acostaste con el hermano de la asesina de tu padre.
—¡Cállate Kriger! ¡Vete de aquí!
—Hice todas las averiguaciones porque te sigo amando. Es injusto que me eches de tu vida cuando al que debes echar es a él.
—¡Veteee!

Mike lo cogió de la solapa y lo lanzó contra la pared. Abrió la puerta y el lobo no lo dudó. Creo que no estaba acostumbrado a ver a Mike en ese estado. Yo tampoco.

La puerta se cerró de un golpe y avanzó hacia mí. Esta vez no retrocedí.

—¡Maldito! Jugaste conmigo como quisiste ¿Estarás feliz?
—No, déjame que te explique.
—¡No quiero tus explicaciones! ¡Nada puedes decir en tu defensa! Tu apellido es una deshonra, una estirpe maldita que arruinó mi familia. ¡Y me acosté contigo, maldita sea! ¡Eres un hijo de puta!
—No tengo culpa de lo que haga mi hermana. ¡Te amo!

Pienso que mi frase le sonó a broma. Eso lo encendió más. Su puño se estrelló en mi cara y caí contra las cortinas. No conforme me levantó y me cogió del cuello. No sé si deseaba asfixiarme ahí mismo y casi lo consigue. No me defendí ni cuando recibí dos trompadas más. Yo hubiera ganado la pelea, seguramente… pero no… Mi dolor no era comparable con el suyo. Porque aunque no me había escuchado yo tenía parte de la culpa por no haberle hablado sobre mi vida y mi familia. No lo había hecho a propósito. Nunca hubiera imaginado que su padre era el lobo asesinado por mi hermana.

—¡Eres una lacra! ¡Eres basura! ¡Y me acosté contigo pensando que eras honorable y de bien!
—¡Lo soy! –grité.
—¡Malditos todos los Huilliches! ¡Y tú también! ¡Ojalá te mueras como mi padre!

Antes de irse con lágrimas en los ojos, me gritó.

—¡Te odio! ¡Maldito tú y tu familia de asesinos!

Cerró la puerta y me quedé dolorido y con el corazón destrozado. No me merecía las cosas horribles que había dicho. Mis padres habían sido seres llenos de bondad. No tenía derecho sin escucharme a juzgar a todos por igual.

Bajé con lágrimas en los ojos. Me acerqué a la mesa de entradas y pedí a la loba mi documento. Ella me miró con rabia. Cogió mi pasaporte y lo lanzó al suelo.

—¡Lárgate de aquí, asesino!

Recogí mi pasaporte y me marché. Caminé por Kirkenes durante mucho tiempo. Sin saber dónde ir con tanta tristeza. Finalmente me senté en la plaza y me eché a llorar.










































6 comentarios:

  1. Hola, Lou... ¡Qué mal lo están pasando todos y qué susto con Numa!
    Por supuesto que es horrible tener ingresado a alguien que quieres... Si esa persona está grave, pues mucho peor... y es muy cierto que la espera de noticias es una lenta agonía
    Pero bueno, Numa ya está estable, y estoy bastante segura de que se va a recuperar... y también de que va a abrazar a su hermano y amigo
    Douglas ha tenido un gesto muy noble al no consumir sus minutos y permitir pasar a Ekaterina
    Chelle y Mike... y ese "noooo" del que nos has avisado... Te diré que en cuanto Camile ha llamado por su verdadero apellido a Chelle, ya he imaginado que lo ha descubierto y que no iba a tardar en contárselo a Kriger
    Tal vez Burnaby sí ha creído a Chelle, quizás le diga a Mike que Chelle no sabía que su hermana asesinó a su padre... La verdad es que no tengo muy claro si le ha creído, no lo sé
    Entiendo la reacción de Mike... creo que se siente engañado, estafado y, sobre todo, muy dolido
    Quizás si Mike se llega a enterar que Vilu mató a sus padres, quizás pueda entender la maldad de ella y el sufrimiento de Chelle
    De lo que estoy muy segura es de que Mike no volverá con Kriger por nada del mundo
    Has logrado que sufra con este capítulo, y eso es porque lo has hecho muy bien... Enhorabuena, Lou
    Besos

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    1. ¡Mi querida Mela! Muchas gracias por tu comentario y por expresar tanto cariño a los Craig.
      Numa se recuperará, también estoy segura. Aún no sé las secuelas y espero que no las haya. Ha dejado una enseñanza a Douglas quien por suerte reconoció su error y tratará de repararlo a como de lugar.
      Es horrible tener alguien que quieres en Terapia, lo he pasado y desee transmitir aquella sensación de querer hacer mucho del otro lado de la puerta y no poder hace casi nada. En manos de otros, esa es la sensación.
      Chelle y Mike... No dudo en absoluto que te has dado cuenta con lo de Camile. Eres excelente lectora cuestión que agradezco que dentro de tus elecciones se halle mi novela.
      Quizás hubiera sido mejor que Burnaby le hubiera dicho a Mike antes que Camile, pero no sucedió. A veces los personajes en mi cabeza corren más que mi pluma.
      Sí, para Mike fue una estocada mortal. Nunca creyó que Chelle tenía otro apellido del que usaba. Menos ser hermano de Vilu Huilliche.
      Kriger no ha logrado nada a favor del mismo ni lo logrará. Nadie es exitoso yendo por ese camino.
      Pienso que Mike se irá enterando, estaba dolido y lo entiendo, pero no sé si Chelle perdonará todo lo que le dijo sobre él y su familia. Y otro detalle a comentar contigo... Sebastien... No creo que le caiga en gracia el sufrimiento de Chelle. Veremos querida amiga.
      Te mando un besazo y te deseo una bella semana.

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  2. Uy me alegro que Numa este estable ojala Ekterina y él puedan retomar su relación. Lo que e dejaste perpleja fue lo que paso entre Chelle y Mike veamos que pasa.Te mando un beso

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    1. ¡Hola cielo! Gracias por comentar!!
      Esperemos que Numa se recupere del todo. Se lo merece.
      Chelle y Mike se distanciarán, el destino les jugó una mala pasada. Aunque el amor verdadero dicen es lo más fuerte. Veremos que pasa amiga.
      Te mando un beso grande y feliz semana!!

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  3. Camile y Kriger tendrian que ser pareja,son dos sinverguenzas.Mike se ha enterado de quien es Chelle y se lo ha tomado muy mal,eso era de esperar.Todos estan muy preocupados pero Numa esta mejor.El capitulo esta muy bien,me ha gustado mucho.Besos.

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    1. ¡Hola Ramón! Muchas gracias por comentar. Me alegro que te haya gustado.
      Camile y Kriger son dos sinverguenzas, tienes razón. Pero creo que haría una distinción entre ellos. Kriger está equivocándose, su obsesión lo está llevando a hacer actos reprochables. Creo que en caso de Camile es malvada sin razón alguna. Le gusta hacer daño porque sí. Kriger debería pedir perdón y dejar de perseguir a Mike. Ya no es su historia y debería entenderlo. Veremos que pasa.
      En cuanto a Numa ya está mejor y nos alegramos. Siempre a luchado contra todo y ha vencido una vez más.
      Gracias querido amigo por tu comentario. ¡Un beso grande y feliz semana!

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