INTRODUCCIÓN

Introducción:

Dentro de los Sami, una raza milenaria se ha mantenido en secreto. Los lobos basados en la naturaleza y el honor han logrado la supervivencia lejos del ojo humano.

La reserva es su hogar y transitaré en ella para conocer cada secreto. Es un gusto que ustedes me acompañen. Estoy segura que reirán y se emocionarán.

Por mi parte cada línea, cada párrafo sobre ellos, me ha llevado a un mundo de misterio y fascinación.

Lo siento no puedo prescindir de ellos. Ellos… también me han atrapado.

miércoles, 20 de mayo de 2020


¡Hola chicos! Espero disfruten el capi, gracias por acompañarme. 


Capítulo 41.
Veinticuatro horas.


Sebastien.

De pie frente a las dos puertas de acero, trataba de convencer a la enfermera que me permitiera el paso. El área era restringida como toda zona de “Cuidados intensivos”,  pero el hecho de que un humano me dijera lo que tenía que hacer y en la situación desesperante en la que me hallaba, no era fácil de digerir.

—Enfermera, le repito, se trata de mi hijo, no pueden privarme que lo vea.
—¿No entiende lo que le he dicho? Solo personal autorizado puede traspasar esa puerta y si le sirve de algo es por el bien del paciente. Un virus o bacteria del exterior podría empeorar la situación. Tenga paciencia.
—¿Me pide paciencia? ¿Usted tiene hijos? ¿De verdad me dice que tenga paciencia y me siente en una de esas malditas sillas a aguardar como si nada?
—Sebastien –Bianca avanzó por el pasillo junto a Douglas.

La enfermera aprovechó para retirarse.

—¿Qué han averiguado?
—Hablamos con Arve.
—¿Cómo está? ¿Lo ha podido ver?
—Hace media hora ingresó a trabajar. Nos prometió que averiguará todo. Debemos esperar.

Douglas se dejó caer en una silla. Bianca se sentó junto a él.

—Tranquilo, todo saldrá bien.
—No… No saldrá nada bien –negó con la cabeza sollozando—. Es mi culpa.
—No es tu culpa –interrumpí—. Vikingo dijo que el conductor conducía ebrio. Desde ya no voy a parar hasta verlo entre rejas.
—Si no hubiera discutido…
—Douglas –Bianca lo abrazó—. Todo el mundo discute, no por temor a que ocurra algo malo uno debe callar siempre. Fue una desgracia.

La puerta del final del pasillo se abrió de un golpe y Marin corrió hacia nosotros.

—¿Cómo está?

Douglas se puso de pie y la abrazó.

—Cariño…
—Está en Terapia, Marin, ¡por mi culpa!
—No digas eso.

Branden y Olaf avanzaron por el pasillo. Padre e hijo lucían preocupados.

—¡Olaf! –exclamé yendo a su encuentro.

Douglas, Marin, y Bianca, se me unieron.

—Sebastien, no tengo mucha información. Acabo prácticamente de coger mi turno pero Branden tiene algo que decirte.
—Escucha –dijo el joven—, estoy con las prácticas y viajo en ambulancia. Me tocó traer a Numa y…
—¿Cómo lo viste? –interrumpí.
—Sebastien, déjalo hablar –murmuró Bianca.
—Lo siento, estoy nervioso.
—Te entiendo. Numa no está nada bien, lamento informarte. Tienes varias heridas importantes pero hay una que es muy delicada.
—Sebastien, yo voy a entrar a Terapia. Te informaré lo que sepa.
—Por favor, gracias –volví a dirigirme a su hijo—. Es un vampiro, Branden. Debería poder salir de cualquier trauma. Las células se reconstruyen – hablé en tono bajo.
—No las neuronas… La herida más importante es en la cabeza.
—No puede ser…

Douglas estalló en llanto junto a Marin. Bianca me abrazó.

Cogí el móvil con la mano temblando.

—Scarlet… Scarlet –murmuré—. Mi hermana podrá ayudarlo.

Antes de pulsar el número Olaf volvió a salir.

—Sebastien, operarán a tu hijo en quince minutos. No pueden perder tiempo. Hay que extraer el coágulo o todo empeorará. Debes firmarme la autorización –extendió el papel.
—Cielos… ¿Quién lo operará? ¿Es un buen médico? ¿Lo conoces? –pregunté mientras firmaba.
—Lo conozco, tranquilo. Es excelente neurocirujano. Y no te preocupes por el secreto… Tú sabes. Me encargaré del resto yo mismo.
—Gracias, aunque juro que nuestro secreto es lo que menos me importa ahora.

Douglas se acercó.

—¡Por favor, se lo suplico Arve, como director disponga los mejores médicos!
—Tranquilo, Douglas. Está en buenas manos. Burnaby Fjellner es excepcional.
—¿Lo operará Fjellner? –preguntó Branden.
—Sí, ya están en quirófano. Permiso, tengo que firmar unas autorizaciones en la Guardia y ya estaré con ustedes.

Se alejó apresurado y Bianca intentó tranquilizarnos.

—Verán que todo saldrá bien. No conozco al cirujano en persona pero tiene fama de ser muy bueno. Ánimo.
—Sí, es el mejor en su materia –afirmó Branden—, pero hay algo que deben saber. Mi padre al ser humano nunca ha podido darse cuenta.
—¿Qué?
—Burnaby Fjellner, es un lobo.


Sebastien.

—¿Por qué tarda tanto la operación? ¿No debería salir alguien de ahí adentro y decirme que rayos pasa?
—Mi amor… Han pasado tres horas pero es una operación delicada, es lo normal. ¿Quieres ir a la cafetería y bebemos algo?
—No Bianca, no voy a moverme de aquí. Pero tú tienes que beber algo caliente, está haciendo frío. No quiero que te sientas mal.
—No te preocupes, estoy bien.

Observé a Marin sentada en un rincón con su móvil, parecía hablar con Liz.

—Marin, ¿dónde está Douglas? Se fue hace media hora y no regresó.
—Fue a la mansión.
—¿A qué?
—A buscar a Ekaterina.

En ese instante noté movimiento a la salida del quirófano. Dos enfermeros y al parecer un médico.

—¿Lo veré salir?
—No lo creo. Quirófano y Terapia se comunican sin pasar por el público. Pronto saldrá alguien a ponernos al tanto, estoy segura. Tranquilo.
—Voy a preguntarle a esa enfermera que salió por la puerta.

Me acerqué justo cuando cogía el pasillo para retirarse.

—Disculpe, necesito saber cómo está mi hijo. Lo operaron y…
—Lo siento, no puedo dar información –se fue cerrando la puerta en mi cara.
—¿Pero a quién se supone tengo que pedir información? ¿Al comerciante de la esquina?
—Tranquilo Sebastien –Bianca se acercó—. Ya saldrá el doctor.
—¿Por qué tarda? ¿Serán malas noticias y no quiere dármelas?
—No es así.

Charles apareció junto con Scarlet, Rodion, y Rose.

—¡Querido! ¿Cómo está? –me abrazó.
—Aún no sabemos, Charles.
—Rose nos contó algo, ¿pero cómo fue el accidente? –preguntó Rodion.
—Parece que un conductor ebrio lo chocó de frente. Ahora… No lo sé… No sé si saldrá bien de la operación. Es complicada.
—Hay que tener esperanza, Sebastien. Numa es joven y fuerte. Lenya dice que lo que necesites cuentes con él. Si hay que dar sangre, lo que sea. Lo mismo de mi parte.
—Sí… Gracias Rodion.

Charles abrazó a Bianca.

—¿Te sientes bien?
—Sí, muy preocupada.
—Todo saldrá bien.

Rose se sentó junto a Marin con ojos llorosos.

—¿Crees que podré hacer algo? –dijo por lo bajo Scarlet observando los humanos sentados en las sillas.
—Es que no sabemos el daño específico. Hay que esperar al cirujano.
—No me moveré de aquí, por las dudas. Grigorii fue a la Jefatura para averiguar todo sobre el caso.
—¡Lo quiero entre rejas!
—Cálmate hermano, ahora hay que abocarse en Numa.

Las puertas de acero al fin se abrieron dejando a la vista un médico alto y corpulento con un inconfundible aroma a lobo.

Todos nos arremolinamos apenas se detuvo.

—¿Son familiares de Numa Craig?
—¡Sí!
—Soy su padre, Sebastien Craig.
—La intervención fue complicada. Pudimos disolver dos de los coágulos sin acudir a la craneotomía. En su estado hubiera sido contraproducente. Por el número de heridas está inestable. Así que realizamos por medio de la tomografía la introducción de un catéter e introducimos la droga anticoagulante con éxito. Sin embargo hay un tercer coágulo que por su ubicación es imposible.
—¿Entonces? –pregunté.
—Hay que esperar. No queda otra alternativa que el coágulo se disuelva por sí solo. Es pequeño pero no puedo dar garantías del comportamiento. Hice todo lo que pude. Habrá que esperar veinticuatro horas. Serán cruciales.
—¿Cómo sé que hizo todo lo que pudo?
—¿Perdón?
—Usted y yo sabemos quiénes somos.
—Sebastien –murmuró Bianca.
—Está ofendiéndome, señor Craig.
—Tranquilo Sebastien –me palmeó Charles.
—No seamos hipócritas. ¿Por qué un lobo haría todo lo posible por salvar a un vampiro?
—¡Sebastien! –insistió Bianca.
—¿Me pregunta el porqué? Porque hice un juramento hipocrático, señor Craig. Y mi vocación está por encima de toda diferencia estúpida de razas.

Nos miramos fijo unos instantes.

—Lo siento… Perdón… Yo… Estoy nervioso. Discúlpeme… ¿Podemos verlo?
—Por ahora no. Quizás en un par de horas. Estará inconsciente. Solo diez minutos, por favor. La enfermera le indicará cuando podrán pasar y de a uno. Y sí, le acepto las disculpas.
—Gracias.

Douglas.

Cuando llegué a la mansión dejé la moto fuera de los portones. Antes de entrar estos se abrieron y avancé rápidamente hacia el portal. Lenya salió a mi encuentro con Liz pisándole los talones.

—¿Cómo está?

Negué con la cabeza y me eché a llorar. Mi tío me abrazó.

—Están operándolo –sollocé.
—Vamos, saldrá bien –dijo Liz apenada.

Ekaterina se asomó a la puerta y la miré. Me acerqué… Nunca había tenido la sensación de tener el corazón en las manos y esta vez los sentí más que nunca. Si ella hubiera querido pisotearlo, no me hubiera defendido.

—Vine a buscarte para ir al hospital.
—Yo… Yo puedo coger un coche de alquiler. No quiero molestarte.
—No, iremos en la moto. Será más rápido.
—Es innecesario.
—Es que… no sé si llegaremos a tiempo —mis lágrimas corrían por las mejillas.

Ella no dijo nada. Vi su rostro descomponerse y sus ojos brillar. Sara apareció tras ella y se quitó la chaqueta de lana.

—Coge mi chaqueta y ve.

Sin perder tiempo avanzó por el sendero junto a mí hasta que subimos a la moto. Debía decirle muchas cosas que tenía atragantadas pero no pude. Lo haría pero no era el momento. Una de ellas, pedirle disculpas, ya que mi amigo no iba a poder escucharlas.

Sebastien.

El hecho de tener que esperar para contemplar a mi hijo respirando me tenía como león enjaulado. Charles y Bianca insistieron que saliera a la calle, cogiera aire profundo y tratara de tranquilizarme. De todos modos nada podía hacer en ese estrecho pasillo. Invité a Douglas pero contestó con un rotundo “no”. Era de esperar, el cargo de conciencia se hacía más pesado con cada minuto que transcurría sin tener mejores noticias.

Scarlet no se movería del hospital por si quedaba la chance de colaborar con su extraordinario don. El caso es que no estábamos seguros de emplearlo por las condiciones delicadas de Numa. Todo era una incógnita que cargaba a mi espalda. Lo común en cualquier padre con mi situación.

Al salir a la calle el aire frio entró por mi nariz y contrajo mis pulmones. Sentía el pecho comprimirse por la angustia y miles de recuerdos golpearon la mente como si fuera una cinta de película. Muchos años junto a Numa… Muchos…

Mi prestigiosa memoria lo recordaba como si fuera hoy… aquella primera vez que se acercó a la limousine junto a Douglas. Era una plaza, la misma que tenía en frente de mí, cruzando la calle…

Era un niño de corta edad, vestido con prendas gastadas y cara sucia. Recuerdo que al llegar a mí no pude evitar ver su atuendo, era tan llamativo al lado del que lucía Douglas. Sin embargo, poco duró mi vista en sus zapatos roídos, porque lo que más me interesó en ese niño humano fue la calidez y sus ojos chispeantes.

Douglas se veía sonriente y hablaban sobre el juego de “el escondido”. Él trataba de explicarle las reglas y mi hijo escuchaba atento como si alguna vez pudiera correr y jugar como un niño común. Numa no lo trató como un ciego, era otro niño para él, sin ninguna diferencia. Entonces fue cuando lo invité a casa. Ante la situación natural de dos chicos queriendo ser amigos yo no iba a implantar diferencias. De hecho siempre la distancia entre pobreza y riqueza me disgustaba. Y así comenzó a visitarnos. Ron se encargaba de traerlo y llevarlo. Fue un niño viajando entre dos mundos antagónicos. Sin envidia, sin celos, sin rabia ni dolor por su destino.

Por un tiempo creí que era un chico de la calle, en realidad casi lo era. Su familia ni contaba para cuidarlo y se las había arreglado muy bien para sobrevivir. Otra virtud en Numa, la fortaleza. Una fuerza que en un momento de la post adolescencia flaqueó… Lo empujó a un callejón sin salida… Y aquella frase que impactó en todo mi ser al escucharlo… “quiero morir”. No lo iba a permitir. Yo, Sebastien Craig con el poder de derrumbar la pared del callejón y mostrarle una salida, la única salida para borrar ese mundo tortuoso y terrible. Lo vi en sus ojos aquella vez. Por más que intentara convencerlo, tarde o temprano, en algún descuido se quitaría la vida.

No he convertido a varios humanos, pero entre los que hubo fue la única decisión que sé nunca me arrepentiré.

Después… la mentira descubierta de su edad, esos monstruos reclamando en mi casa con total desparpajo e impunidad, y mi desesperación porque no se lo llevaran… La adopción fue el golpe certero y perfecto para esas bestias. Numa era nuestro y lo sería mientras viviera.

Y ahora… la lucha por sobrevivir y esta vez no podía ayudarlo. Ni siquiera mi hermana sabía si sería efectiva porque la salud de Numa pendía de un hilo. Solo en manos de su fuerza de voluntad, del tiempo, y de un lobo…

En ese instante levanté la mirada de los escalones de la entrada al sentir el aroma peculiar. Vi al cirujano salir por la puerta y avancé hacia él casi sin pensarlo.

—¿Se va del hospital?

Se detuvo y me miró.

—Debo llevar mi coche al estacionamiento. Me han llamado con urgencia por la situación de su hijo y estacioné en cualquier parte –dio un vistazo hacia la calle—. De hecho la grúa me lo llevó.
—No debieron hacerlo. ¿Tenía el distintivo de médico?
—Sí, pero a veces las personas actúan como se les canta.

Buscó su móvil en el bolsillo y efectuó una llamada. Habló unos minutos, apartado, y después cortó.

—Si puedo ayudarlo en algo, quizás conozca gente en el Municipio.
—Gracias, pero mi esposa se encargará –me miró fijo—. No se preocupe, no tiene que hacer nada extraordinario para que me ocupe de Numa.
—Lo sé… Ya me lo dijo. Hizo un juramento.
—Así es.
—Si tiene hijos sabrá cómo me siento.
—No los tengo pero para su tranquilidad los médicos no vemos a un paciente como un número más. Es una teoría errónea pensar que no poder salvar la vida de un desconocido es indiferente para nosotros. También se nos va un poco de vida con cada fracaso. Con un paciente en peligro no comemos, no dormimos, solo deseamos que con cada minuto haya un a luz de esperanza y mejoría.
—Es un buen médico.
—Soy un médico. No hay buenos o malos. Los otros simplemente son farsantes vestidos de bata y estetoscopio. Pero tranquilo, no es mi caso. Permiso… Debo entrar.
—Sí… Y disculpe nuevamente.

Grigorii avanzó por la acera hacia el hospital y le hice seña para que me viera. Al llegar hasta mí se preocupó.

—Scarlet me contó. ¿Lo operaron?
—Sí, hay que esperar.
—¿Un cigarrillo?
—Sí, por favor. Aunque no solucione las cosas aplacará mi ansiedad.

Encendió mi cigarrillo y el de él.

—Tú no deberías fumar, es cancerígeno.
—No lo hago a menudo… Vengo de la Jefatura. El ebrio está preso.
—Me parece lo justo.
—Por ahora acusado de lesiones graves.

Por ahora… Mi cuerpo se congeló… Por ahora eran lesiones graves porque Numa estaba vivo…

—Hablé con el cirujano. Hay que esperar. Bianca y Branden dicen que el doctor Fjellner es muy buen profesional.
—¿Fjellner? Me suena ese apellido.
—No creo que haya estado metido en riñas o delitos. Espero que no.
—No lo creo pero me suena. ¿Scarlet está aquí?
—Sí, se quedará por las dudas.
—¿Por las dudas de qué?
—Recuerda, ella tiene un don especial. El que usó cuando estabas internado a causa de Vilu.
—Ah okay… Ojalá pueda hacer algo. Pobre chico.
—Numa no se merece este final –mis ojos se llenaron de lágrimas.
—Tranquilo, todo saldrá bien, verás.
—Gracias.
—Y… Ahora que nombraste a Vilu, a esa vampiresa asesina… Ya recordé donde escuché el apellido.
—¿De qué hablas?
—Ese hombre asesinado en el bosque. Ese crimen que fue reportado… Para la policía fueron lobos salvajes pero… sabemos que no fue así.
—¿Qué tiene que ver el lobo asesinado?
—Su apellido era Fjellner. Puede ser casualidad.
—¿Es una broma?
—Pues no, es un dato. Te repito puede ser otro Fjellner.
—¿Otro lobo Fjellner? No… Intuyo que tiene algo que ver. Joder…

Drank.

Apenas terminé de trozar leña en varios troncos caídos, llegué a casa, me di un baño, y comí un emparedado apresurado. No quería que se hiciera la noche y Anouk se preocupara por mi regreso. Últimamente, Anouk siempre se preocupaba cuando me internaba en el bosque. Aunque fuera un lobo… Desde el asesinato del padre de Mike por esa vampiresa la inquietud reinaba en el aire de la reserva. Fjellner también había sido lobo, conocía muy bien el bosque, y sin embargo…

Me abrigué lo suficiente para no sentir el viento helado mientras conducía la moto. Dispuesto a visitar a mi querido Sami salí de la cabaña sin imaginar que me esperaba una sorpresa. Sentado bajo el alero de mi hogar, estaba Louk.

—Ey, ¿qué haces aquí? Justo tengo que salir. ¿Ocurrió algo?

Se puso de pie y metió sus manos en la cazadora de cuero.

—No, no ocurre nada. Solo que esta vez quisiera acompañarte.

Lo miré por unos segundos dudando.

—No me digas que es un trámite al que debes ir solo. Ya sé dónde vas.
—Pues… Es que no sé si le gustará.
—No iré hasta su cabaña. Te esperaré cerca. Solo quisiera que le dijeras que estoy allí, por si quiere acercarse.
—No creo que le guste, Louk. Es huraño.
—Lo intentaré. Debo darle las gracias.
—¿Quieres que se las dé?
—No es lo mismo. Por favor. Llévame hasta el último claro del bosque. Me quedaré allí. Lo prometo.
—Está bien, sube.

…………………………………………………………………………………

Al llegar al último claro el sol comenzaba a esconderse entre el follaje. Dejé la moto con Louk y emprendí la caminata hacia la cabaña del Sami. Me llevó unos diez minutos divisar su choza. Los tres lobos salieron al camino a recibirme y me alegré de saber que Rob estaría en su casa. Siempre me preocupaba si no estaba. Aunque fuera a cazar por la cercanía o de visita con sus hermanos los sami.

Golpee la desvencijada puerta y lo escuché.

—Pasa amigo.

Al entrar lo vi ensimismado frente a una olla de barro preparando unas hierbas.

—¿Medicina?
—Sí, por el invierno. Pronto se avecina.

Sin esperar invitación me quité el abrigo y me senté en uno de los troncos que servía de silla. Apoyé mis manos en la mesa y lo observé.

Estuvo unos minutos separando hojas, eligiendo algunas para meterla en el agua que hervía.

En un momento levantó la vista y me miró.

—Te ves bien como lobo, “brann har”

Sonreí.

—¿En serio?
—Sí, y no lo digo por el color de tus ojos sino por todo. Te ves más poderoso.
—De hecho me siento más fuerte. Anouk dice que estoy más voluminoso, en todos los sentidos –reí—. ¿Y tú cómo estás?
—Bien. En paz. Hice lo correcto y eso siempre trae paz.
—Cierto… —eché un vistazo hacia la puerta—. Hablando de ello…

Apartó unos pequeños leños para debilitar las llamas y se dirigió al viejo armario.

—Prepararé café aunque no sé si beberás esta vez. Te noto inquieto. Como si quisieras irte pronto. ¿Es por tu hembra?
—No… Eres muy intuitivo. Es que no vine solo. Bueno, quiero decir estoy solo pero dejé a un amigo y mi moto a unos diez minutos de aquí.

Se mantuvo en silencio con la mirada fija en mis ojos.

—Mi amigo quiso venir. Louk, el lobo por quien votaste que se quedara en la reserva. Es nieto de Mamina. Vino porque quería agradecerte.
—Sé quién es Louk. Y no hace falta las gracias –frunció el ceño.
—No te preocupes no vendrá hasta aquí. Y si no quieres verlo se irá como vino.
—Nadie se va como viene, “brann har”. Menos si no consigue lo que espera.
—Claro…
—La pregunta es, ¿vale la pena el encuentro?
—Estoy seguro que sí. Para él es importante agradecerte.
—Entonces no le importará esperar.
—No.
—Bebamos un café. Hace tiempo no venías.

Sonreí.

—Supongo que es un reproche de amigo.
—Se te extraña. Mis lobos también.
—Me gusta venir aquí y platicar contigo de la vida y nuestras cosas. Últimamente no me fue fácil salir. Costó acostumbrarme aunque Bernardo dice que lo he hecho muy bien. A veces la fiebre regresa. Creo que al sentirme acorralado, o con ira. ¡No te he contado! Ayudé en el parto a mi amiga Liz.
—¿Y habías ayudado antes a nacer un crío?
—No –reí—. Todo solo salió bien.
—Me alegro. Eres bueno, amigo. Inteligente, y buen corazón.
—Es mi amiga, no podía dejarla a la buena de Dios. Hubiera hecho lo mismo por ti. No en un parto, claro –volví a reír.

Sonrió.

—Tu amiga es la reina del mar, ¿verdad?
—Sí. La hembra de Lenya Craig.

Me miró a los ojos.

—Has cambiado “brann har”, ya no te duele decirlo.
—Cierto. Ahora mi corazón pertenece a Anouk. Ojalá tengamos un hijo pronto.
—Todo a su tiempo.
—Sí… Volviendo al tema… Ya que hablas de tiempo…Aún no quieres acercarte a nadie de la reserva, ¿no es así?
—Las cosas están bien así. El chamán sami dijo que era lo mejor por ahora. Habló de tiempos difíciles en la reserva.
—Parece estar todo tranquilo. Después de lo de Louk y mi conversión todos siguen la vida normal. Lamento que mi amigo se haya distanciado de su chica. No sé si sabes la razón.
—Tu hembra me lo contó cuando vino por mí.
—Vaya… Anouk tiene un poder de síntesis increíble, debe ser su profesión de maestra –sonreí.

De pronto avanzó hacia su abrigo colgado y se lo puso.

—¿Tu amigo está muy lejos?
—Ehm… no, a diez minutos de caminata.
—Vamos, la noche cae pronto en esta época.
—Gracias.

………………………………………………………………………………….

Louk estaba recostado a la moto observando el corretear de dos ardillas cuando llegamos. Al escuchar nuestros pasos casi imperceptibles sobre la hojarasca, alzó la vista y se sorprendió. A pesar de ello trato de disimular y dibujó una débil sonrisa.

—Buenas tardes, sami. Así te llaman, ¿no?

El sami se acercó y los lobos lo siguieron.

—Tú sabes cómo me llamo.
—Sí… Yo… Quería darte las gracias. Si sigo en la reserva es por ti.
—De nada. Ahora, regresen. Pronto anochecerá.
—Okay… Ah, traje algo para ti.

Quitó de la mochila una bolsa pequeña de celofán.

—Los hizo mi abuela. Son caramelos de miel. Ella dice que te gustaban mucho.

El Sami los cogió y apretó en el puño con emoción.

—Gracias.
—Ella siempre te recuerda. Nunca te olvidó. Lamenta no haberte visto cuando fuiste a votar. Pero se alegra que estés bien. Cuando tú quieras…
—Dile que gracias. Yo también la recuerdo.
—Se lo diré.
—Bueno, vamos Louk. Anouk debe estar comiéndose las uñas.
—Sí vamos. Adiós.
—Adiós.