INTRODUCCIÓN

Introducción:

Dentro de los Sami, una raza milenaria se ha mantenido en secreto. Los lobos basados en la naturaleza y el honor han logrado la supervivencia lejos del ojo humano.

La reserva es su hogar y transitaré en ella para conocer cada secreto. Es un gusto que ustedes me acompañen. Estoy segura que reirán y se emocionarán.

Por mi parte cada línea, cada párrafo sobre ellos, me ha llevado a un mundo de misterio y fascinación.

Lo siento no puedo prescindir de ellos. Ellos… también me han atrapado.

lunes, 12 de octubre de 2020

 ¡Hola chicos! Aquí estoy con un nuevo capi. Disfruten y comenten por fa. Los quiero. ¡Buena semana! Miles de besos.


Capítulo 50.

Lo correcto.

 

Branden.


 

Entré al pequeño consultorio en primer piso del hospital, abandoné la carpeta en el escritorio con las historias clínicas de los pacientes que asistiría esta mañana. Mis primeros pacientes fueron derivados por el doctor Becker. Mi colega tenía desbordados los turnos y era imposible atender a tantas personas y debía comenzar a ganarme la confianza de muchos de ellos. Así ocurre con todos los médicos que nos recibimos y no tenemos experiencia. Como un derecho de piso para ganar un lugar como profesional reconocido en el prestigioso hospital de Kirkenes.

 

Al fin me había recibido, aunque de médico clínico. Era una base y deseaba continuar una especialidad aunque tenía mis dudas si dedicarme a cardiología o hematología como lo había hecho mi padre.

 

Me acerqué a la máquina de café junto a la ventana y la encendí. El consultorio era pequeño pero cómodo. La vista daba a la parte trasera del edificio. No veía la avenida ni la plaza pero si el techo del estacionamiento, edificios, y copas estilizadas de una gran arboleda que vestía una calle lateral. Eso sí, la vista del cielo era maravillosa y hoy precisamente la tormenta la hacía más hermosa.

 

De niño tenía temor a las tormentas, incluso de adolescente. Sobre todo de las eléctricas acompañadas de vientos fuertes. Quizás porque me faltaba esa protección que te inculcan las madres para sentirte poderoso. La mía había fallecido cuando solo contaba con dos años. Mi padre siempre estuvo a mi lado para brindarme todo lo que podía, sin embargo nunca es lo mismo.

 

Hoy por hoy no temía a las tormentas. A pocas cosas temía y había una razón. Mi enfermedad terminal a tan joven edad me demostró que hay miedos peores… Y no te queda otra que luchar para combatir ese monstruo y vencerlo. A ese monstruo no le importa si tienes proyectos, si te falta pocos meses para terminar la Universidad, o si amas los días soleados y las noches estrelladas. ¿Cuál es el secreto de la no derrota en la gran mayoría de los casos? Creer a cada segundo de tu vida, que podrás con él.

 

En mi caso, llegó Sebastien. No sé si solo hubiera vencido finalmente pero el milagro se presentó en forma de vampiro… Y aquí estaba.

 

Unos suaves golpes a la puerta desviaron la vista del paisaje gris.

 

—Adelante.

 

Sven asomó su cabeza con una sonrisa y lentamente cogí asiento.

 

—Hola, felicitaciones doctor.

 

Sonreí y di las gracias.

 

Entró al consultorio y cerró la puerta. Sin embargo no avanzó más y quedó inmóvil con las manos en los bolsillos de la bata. Tomé conciencia que mis manos estaban aferradas al borde del escritorio, como si él tan solo con su presencia lograra arrancarme de allí y hacerme flotar.

 

—¿Te has decidido que especialidad seguir?

—No, lo pensaré. Tengo tiempo. Los cursos en la Universidad comienzan en un mes.

—Claro… Bueno… Seguiré con mis pacientes solo quería felicitarte y desearte suerte con los tuyos.

—Gracias.

 

Sonrió nuevamente mientras mi corazón seguía golpeando mi pecho como si fuera a salirse. Era algo que no podía evitar cada vez que lo tenía cerca. Parecía que no lograba tener dominio de mi cuerpo por todo el tiempo que sus ojos me miraban o su rostro sonreía.

 

Al abrir la puerta para irse lo detuve.

 

—Sven.

 

Me miró expectante.

 

—Yo… Prometo hablar con él.

—Okay… Nos vemos en cafetería.

 

En ese instante escuché pasos por el pasillo y detenerse junto a la puerta. Sven se hizo a un lado.

 

—Director, buen día.

—Buen día, doctor Andersen. Necesito hablar con mi hijo, ¿me permite?

—Por supuesto, ya me iba. Que tenga buen día.

—Gracias, usted también.

 

Mi padre cerró la puerta y me miró. Me puse de pie y extendió los brazos.

 

—¡Ven aquí! ¡Felicidades hijo! Ya eres oficialmente un doctor.

—Gracias papá –lo abracé.

 

Se apartó y cogió mi cara entre sus manos.

 

—¡Qué orgullo! ¡En qué poco tiempo has rendido tus exámenes! Si tu madre te viera estaría dichosa como lo estoy yo.

 

Sus ojos brillaron de emoción.

 

—Lo sé, papá. Desearía creer que ella lo sabe.

—¿Por qué no? ¡Quién sabe! Y dime, ¿mi nieto postizo? ¿Está bien? ¿El colegio?

—Todo bien, Nicolay es inteligente y se porta normal, como todo niño –sonreí con tristeza recordando que no había querido verme.

—¿Boris?

—Todo bien, papá… Siéntate, estaba por prepárame un café. Mis pacientes comenzaran a llegar en veinte minutos.

—No, debo ir ayudar a Guardia. Mucha gente.

—¿Tan temprano?

—Hubo varios casos de envenenamiento desde esta madrugada. Al parecer el agua que consumieron no era potable.

—¿En la ciudad?

—No exactamente, en los suburbios. Casualmente el laboratorio me dio el resultado del análisis. Se encontró pequeñas cantidades de cobre y arsénico.

—¿Arsénico? Que yo sepa no hay fábricas en Kirkenes que utilicen ese componente.

—Cierto. Por eso ordené una prueba más, aunque dudo que el bioquímico se haya equivocado. Ahora bien… quería hacerte una pregunta y espero que me contestes con sinceridad.

—Por supuesto.

—¿Qué ocurre entre el traumatólogo y tú?

 

Me sorprendí, dudé que contestar, y me ruboricé. Tal cual en ese orden. Demasiados datos para un padre que te conoce al dedillo.

 

—Veo que te incomodé.

—Yo… No ha pasado nada de lo que te imaginas.

—Es que prefiero no imaginar nada solo quiero escuchar tu verdad.

 

Me desplomé en la silla y bajé la vista. Se acercó y se sentó en la silla que ocuparían los pacientes, frente a mí.

 

—Branden, ¿qué está pasando contigo?

 

Mis ojos se llenaron de lágrimas.

 

—No lo sé, ¡te juro que no lo sé! Puedes estar seguro que no te avergonzaré. No he sido infiel a mi pareja ni ando flirteando con mis colegas.

—Estoy queriendo saber que te ocurre a ti. No dudo que eres una persona de moral. ¡Vamos, dímelo! Confía en tu padre.

—Me enamoré –estallé en llanto—. Me enamoré y no pude evitarlo. Boris y yo ya… Ya no funciona. ¡Quiero que todo vuelva a ser como antes y no sé qué hacer!

—Hijo… —suspiró—. Primero no te sientas culpable y menos si no has hecho nada incorrecto. No le has sido infiel a Boris, eso habla bien de ti, pero… Si estás seguro de lo que sientes, sé honesto contigo. Estas cosas pasan en la vida y no hay culpable. Sé sincero contigo para poder serlo con tu pareja. Los dos se lo merecen.

—¡Papá, yo tenía una familia perfecta! ¿Por qué tuvo que pasarme esto? Pienso en Boris, en el daño que le causo, en mi hijo y su pequeña cabecita que no entenderá por qué le destruiré toda la armonía que nos costó lograr.

—Ah… La vida tiene esas sorpresas y te pone en un laberinto al que debes salir, es una obligación implícita desde el instante que nacemos hasta que morimos.

—Nicolay perdió a su madre, luego vino lo de Sebastien… Y cuando tenemos al fin todo controlado… ¡Ahora esto!

—No llames “esto” al amor. No lo minimices. He notado que Sven se desvive por ti y si los dos sienten lo mismo no hay nada que hacer.

—¿Cómo sabes lo que siente Sven?

—Bueno… Exactamente no sé lo que piensa y siente solo que observo actitudes. Si su hora de salida son las cuatro de la tarde y se queda atendiendo consultas no es por adelantar el trabajo, es por verte a ti. No soy tonto. Nadie con el cansancio que provoca nuestra labor lo hace por simple vocación. Sobre todo si no hay motivos urgentes. Es traumatólogo, no médico de guardia. Por otra parte veo que es muy cuidadoso. Si no le importaras no se fijaría en dejarte expuesto.

—Boris no vivirá sin mí.

—Bah, eso es lo que crees. Todos tenemos la capacidad y la oportunidad de resurgir. Yo… Nunca quise convivir y formar una familia con Susan pensando en el que dirán, el hospital, mis colegas, amigos, y tú cuando regresaras… ¿Y sabes qué? No hay día que me arrepienta. Enfrenta lo que sientes con entereza, juégate por lo que sientes. Ya lo has hecho cuando debiste gritar al mundo que eras gay.

—Nicolay… —sequé mis lágrimas.

—No te imaginas que fuertes son los niños. Más aún si cuentan con seres alrededor que lo apoyan y lo aman. Pero no lo sumerjas a vivir en una familia de amor ficticio. Porque él seguramente sabrá del desamor sin que se lo digan. Entonces, te perderá el respeto.

 

Chelle.

 

Después de tres días Iván se materializó en el balcón. Mike y yo hacíamos el amor en el sofá pero tuvimos tiempo de lucir decentes antes que el Gólubev hiciera a un lado los cristales de la puerta corrediza y pusiera un pie en la sala. Obvio que la escena interrumpida estaba cantada.

 

Carraspeó y lanzó un sobre en la mesa de living.

 

—Lo que te prometí.

 

Prendí mis jeans en medio de una situación un poco incómoda. Mike logró vestirse con rapidez.

 



—Gracias, y… lo siento –balbucee.

—No me pidas disculpas, he contemplado cosas peores. Pide clemencia a tu mal gusto –sonrió con burla.

 

Cogí el sobre y extraje los papeles y fotos de su interior.

 

—Gracias, de verdad.

—De nada.

—No le diré a Sebastien de tu ayuda.

—Se lo diré yo cuando pase todo esto. Ahora, suerte. Debo irme a dar clases a Miyo Sherpa.

—Claro… ¿Van bien?

 

Arqueó la ceja y movió la cabeza en actitud dubitativa.

 

—Estoy poniendo todo mi esfuerzo, no es fácil.

—Lo imagino. Pero ella es encantadora. La quiero mucho.

—Sí, es muy… ¿cómo decirlo?

 

De pronto sus ojos se clavaron en el atuendo de Mike y su índice lo señaló.

 

—Esa… ¿Esa es mi ropa?

—Ah pues, sí. La mía y la de Charles no le quedaba en talle y menos la de Khatry. ¿No te molesta? Era un caso urgente.

—Vampiro, te la lavaré antes de devolvértela –se quejó Mike frunciendo el ceño.

—Ni loco pienses que me pondré algo que ha usado un lobo.

 

Mike rodó los ojos y antes que protestara interrumpí.

 

—Okay, lo siento fue mi idea y te compraré nueva.

—Da igual, me voy. Ojalá todo lo que haces por él valga la pena. Y no me refiero solo al sexo que te pueda dar.

—¡Oye! No sabes nada de mí.

—Eres un lobo y con eso es suficiente.

—¡Tu hermana está con un lobo! –se exaltó Mike.

—¡No me lo recuerdes!

—Por favor, no discutan. Mike, contrólate. Iván gracias de corazón. Estoy en deuda contigo.

—No, estamos a mano. Adiós. Cuídate, hay lobos que se disfrazan de corderos.

—Adiós.

 

Apenas desapareció Mike se cruzó de brazos enfurecido.

 

—¿Qué rayos le pasa a este idiota?

—Tranquilo. No es malo solo que tiene algunos conceptos equivocados.

—Pues uno de esos conceptos soy yo por si no te has dado cuenta. Es injusto.

—Mike… Ahora tenemos un problema que solucionar.

—Sí… Lo siento. ¿Estás seguro de tu plan?

—Nunca estuve tan seguro.

 

 

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Ese atardecer de tormenta sentía varias sensaciones. Por un lado la rabia acumulada porque Mike vivía una situación injusta. Por otro, el orgullo de poder defenderlo y estar a su lado cuando más me necesitaba. Y el temor… Porque nada garantizaba que saliera todo bien.

 

De pie, en la gran sala del edificio observaba la pizarra con los números de cada oficina y sus correspondientes propietarios. “Andrev Mykolaiv y asociados”. Oficina 303.

 

Okay… Allí íbamos.

 

Cogí el ascensor  y bajé en el tercer piso. Caminé por el pasillo alfombrado cruzándome con cuatro o cinco humanos que parecían apresurados. Me detuve en la oficina 303 pero no golpee de inmediato. Acerqué el oído para asegurarme que no habría un cliente con él. Escuché una voz… dos voces… y aguardé.

 

Una mujer de chaqueta y falda salió del segundo ascensor. Llevaba un maletín y sus ojos se clavaron en mí con curiosidad. Rápidamente abrí el sobre y me fijé en su interior como si buscara algún documento. No podía llamar la atención de pie como guardaespaldas junto a una puerta, o lo que es peor como asesino al asecho.

 

La mujer ingreso a la oficina 305 y cerró la puerta. En ese instante escuché nuevamente las voces. Alguien estaba despidiéndose. Sin perder tiempo me alejé hasta las puertas de los ascensores como si mi intensión fuera coger alguno y esperé…

 

Un hombre joven salió de la oficina de Mykolaiv y con pasos ágiles se perdió por el pasillo y giró hacia la izquierda. Cuando desapareció avancé y al llegar a la puerta 303 sin dudarlo y jugado a todo, entré.

 

Branden.

 

Apenas terminé con mis flamantes pacientes bajé a la Guardia. Quería saber cómo seguía el tema de los humanos que habían llegado con síntomas de envenenamiento. Había notado a mi padre preocupado ya que el número de personas asistidas era considerable en pocas horas.

 

Lo primero que vi al llegar a planta baja me impactó. Sentados en la sala de espera había desde niños hasta personas mayores. Sin embargo había un detalle más sobresaliente. El aroma a clorofila y tierra húmeda inundaba el aire. Eran lobos… Al menos la mayoría.

 

Golpee la puerta de Guardia y abrió la doctora Gilbert.

 

—Hola Anna.

—Branden, ¿vienes ayudar? No paran de llegar.

—Ya veo…

 

Eché un vistazo al paciente recostado en la camilla. Un lobo…

 

—¿Qué síntomas tienen?

—Claramente intoxicación. Necesitaba ir por un refrigerio, estoy desde ayer y…

—Ve, come algo en cafetería yo te cubro.

—Gracias, hay muchos pacientes aún.

—No te preocupes, he terminado las consultas.

—Gracias, ah por cierto, felicitaciones por el título.

—Muchas gracias.

 

Cerró la puerta y me acerqué al paciente que cogía su vientre como si sufriera un gran dolor.

 

—Buen día, soy el doctor Branden Arve. ¿Su nombre?

—Doctor me siento –se detuvo y me miró con ojos asombrados—. Me siento… muy mal. Me llamo Mikko Junkil.

 

Cogí la historia clínica sobre el escritorio de Anna y leí.

 

—¿Cuándo comenzó a sentir síntomas extraños?

—Hace un día… Es un vampiro.

 

Lo miré.

 

—¿Importa eso?

—No…

—Okay, cuénteme que comió y bebió en las últimas 48 horas.

—Pues… Nada fuera de lo común, unas galletas de cereales y un enlatado de frijoles. Nada más. Fui de campamento así que mi amigo y yo no llevábamos demasiadas provisiones. Pensábamos cazar y asar lo que capturaríamos. No llegamos a tanto. Tuvimos que volver por mis dolores.

—¿Su amigo tuvo síntomas?

—Solo vómitos pero está mejor.

—Okay. Le recetaré un calmante mientras ordeno los estudios. No puedo ofrecerle mucho hasta saber que provocó la intoxicación.

 

Me acerqué al escritorio y cogí varias historias clínicas que Anna había llenado de pacientes anteriores. Leí minuciosamente casi todos los casos que se habían presentado por el mismo motivo. Nadie había comido frijoles enlatados ni galletas de cereales. Ninguno coincida en los alimentos que habían ingerido…

 

Fácilmente deduje un factor en común en todos los supuestos. El agua… El agua parecía ser el detonante de la intoxicación. Recordé lo que mi padre había dicho sobre los análisis de sangre y los compuestos encontrados… Cobre y arsénico.

 

—Voy a ordenar un lavaje de estómago, señor Junkil.

—¿Voy a morir?

 

Me acerqué y cogí su mano. Al principio sentí un breve rechazo sin embargo a los pocos segundos aferró mi mano como si fuera un niño.

 

—No, la intoxicación es leve pero debe saber que no podrá beber agua de río cuando vaya de campamento.

—No bebí agua de río, doctor. Llevé la cantimplora de casa.

 

Lo miré preocupado.

 

—¿Tienen agua corriente en la reserva?

—No, es agua de pozo.

—Okay, aguarde aquí, vendrán por usted para hacerle el tratamiento. Tranquilo, todo va a estar bien.

 

Pero nada estaba bien… Nada.

 

Llamé al laboratorio y ordené que Francis el camillero viniera por el paciente. Salí del consultorio y llamé a Ekaterina.

 

“Branden, hola… Te felicito, me enteré por Boris que rendiste bien y…”

—Ekaterina, gracias, escucha… ¿Tienes forma de hablar con Douglas?

“¿Yo? Pues no, pero sí Numa. ¿Qué sucede?”

—Por favor avisa a Douglas que no beban agua en la reserva. Es importante Ekaterina, hazlo lo antes posible.

“Pero… ¿Qué ocurre?

—El agua tiene arsénico y puede ser mortal si beben en gran cantidad. Avisa a Douglas, por favor.

“Okay, ya mismo le diré a Numa que se comunique con él.”

 

Charles.

 

Bajé las escaleras con dos lamparillas de luz. Necesitaba cambiarlas a pesar de la lluvia. El parque debía estar iluminado en cada rincón aunque Ron y el resto de la casa siempre vigilaban. El fantasma de Vilu acechaba nuestras mentes aunque no lo dijéramos para no asustar a las hembras. Cierto que éramos muchos contra ella pero nunca se sabía que podíamos esperar.

 

Sebastien leía el periódico sentado en el sofá. Levantó la vista por unos segundos y volvió a la lectura.

 

—Debo cambiar las lamparillas.

—Llueve mucho, espera a que cese.

—Cortaré la corriente del parque, no te preocupes.

 

Llegué hasta la puerta y lo escuché.

 

—Charles…

 

Giré con cara de incógnita aunque temía que en cualquier momento preguntara por Chelle y Mike.

 

—¿Sí?

 

Me miró fijo y para mi fueron instantes interminables.

 

—Solo quiero saber si todo está bajo control.

 

Mis ojos se hundieron en ese gris tormentoso tan parecido al de su padre.

 

—Sí, todo está bajo control.

—Confío en ti.

—Tranquilo.

 

Nicolay vestido con una chaqueta bajó la escalera apresurado tras los retos de Ekaterina.

 

—¡Por favor, ten cuidado!

—Ya sé bajar rápido, tía. No soy un bebé como Halldora y Adrien. ¡Hola Charles!

—Hola cariño, ¿saldrás a pasear? Es muy tarde.

—Me voy a la Isla de Oso con tía Ekaterina y Numa.

—¡Qué bien!

—Papá me dejó ya que terminé los exámenes en el colegio. Ya pidió autorización. Y también a Boris.

—Se lo pedí a Branden también –agregó Sebastien mirando fijo a su hijo.

—Muy bien, disfruta.

 

Ekaterina posó sobre la alfombra una maleta que traía.

 

—Numa ya está listo, el avión sale en una hora.

—Bien –Sebastien sentó en las rodillas a su hijo—. ¿Te has despedido de todos?

—Sí.

—¿De Branden?

 

Nicolay negó con la cabeza. Sebastien cogió el móvil de la mesa de living y pulsó un número. Ekaterina suspiró.

 

—No quiero despedirme de papá Branden.

—Sí, lo harás. Es lo que corresponde.

—¡Estoy muy enojado, papá!

—Entonces te despides y le dices que quieres hablar con él cuando regreses. ¿Entendiste? Debes hablar con Branden y decirle lo que sientes y porqué estás enojado.

—¡Ufa! No quiero.

—Entonces no irás a la Isla.

 

Nicolay frunció el ceño y lo miró furioso.

 

—No es justo. Quiero ser grande para hacer lo que quiera.

—Me parece estupendo pero por ahora no eres grande y harás lo que yo crea conveniente. Y es conveniente que hables con claridad cuando tengas un problema con alguien. Sobre todo si ese alguien es tu papá y te quiere.

—Mmm… Está bien…

 

Sebastien dio un beso en la frente del niño y le entregó el móvil que titilaba por la llamada. Después se dirigió a Ekaterina.

 

—¿Numa ha podido comunicarse con Douglas?

—Sí, los lobos están alertados.

 

Me detuve antes de salir al parque. ¿Habría algo importante que comunicar a los lobos? Si fuera así debía enterarme porque sencillamente tenía a uno de ellos hospedado en mi casa.

 

—Disculpen, ¿ocurre algo con los lobos?

 

Sebastien me miró mientras Nicolay hablaba con Branden. Ekaterina subió la escalera.

 

—Voy a apresurar a Numa o perderemos el avión.

 

Insistí a Sebastien.

 

—Dime, ¿ocurre algo malo? Digo porque parecía ser un tema importante.

—Sí, lo es.

 

Aguardé que se apiadara de mí y me contara.

 

—En realidad no es tan importante si no vives en la reserva. Pero… Se puso de pie y prendió los botones de su chaqueta sin apartar la mirada de mis ojos—. Si por alguna razón ridícula o fortuita te encontraras con un lobo deberías informarle que no deben beber el agua. Parece que está contaminada con arsénico. Sin embargo no es tu caso porque sería extraño que tú te cruzaras con un lobo –sonrió.

—Por supuesto… Sería extraño.

—Muy extraño –reafirmó.

—Claro… De todas formas gracias por informarme.

—De nada.

 

 

Chelle.

 

Al cierre de la puerta Mykolaiv levantó la vista de una carpeta sobre el escritorio y frunció el ceño.

 

—¿Usted quién es? No espero a nadie a estas horas.

 

Me adelanté y cogí asiento frente a él.

 

—Mi nombre no tiene importancia. Lo importante es lo que hará usted por mí.

—¿En serio? –Sonrió con una mueca de sarcasmo—. Creo que usted perdió la cabeza. Lárguese o llamaré a seguridad. No tengo cupos de empleo así que ha venido en vano. En tal caso debió pedir una entrevista.

—Mmm… La entrevista la considero innecesaria. De hecho, no quiero un trabajo. Necesito las cintas de grabación de la totalidad de la semana anterior.

—¡Está loco llamaré a seguridad!

—Yo no haría eso, señor Mykolaiv –cogí una de las fotos del sobre y la lancé sobre el escritorio.

 

Su rostro palideció. Abrió la boca y sus manos temblorosas tantearon la imagen.

 

—¿Quién es usted? ¿Qué…? ¿Qué quiere de mí?

—Ya se lo dije. Ella es… —señalé la foto—. Muy bella. Su nombre es Katerine Mykolaiv, veintidós años. Sale a la Universidad a las nueve en punto de la mañana, la lleva el chofer. Recorren la calle de su domicilio por diez manzanas, dobla a la izquierda y  ella baja en la cafetería para compra café. Siguen viaje, nueve y treinta y cinco llega a la Universidad. Sale a las dos de la tarde y se dirige a un gimnasio. Permanece allí por un par de horas –me detuve y sonreí—. ¿Desea que continué?

 

De un impulsó abrió el cajón y sacó un arma. Me apuntó con ojos desorbitados.

 

—¡No se saldrá con la suya! ¡No se mueva! Llamaré a seguridad.

 

Con un rápido movimiento antes de que pestañeara le arrebaté el arma y lo apunté. Él se aferró a la silla asustado.

 

—¿Cómo hizo eso? –balbuceó.

—Señor Mykolaiv, no soy un improvisado. Ni mi gente ni yo. Así que… quiero las cintas. ¡Ahora! O su hija morirá.

—No, no… Por favor. Puedo darle una suma de dinero importante, la que desee –buscó la chequera sobre el escritorio.

—No quiero dinero, quiero las cintas de grabación de toda la semana anterior.

—¿Para qué?

—¿No se lo imagina?

—Pues no, todo este despliegue por unas tontas cintas, está loco.

 

Negué con la cabeza sin soltar el arma.

 

—No son unas tontas cintas para mí. Y si para usted lo son, entonces no pierda tiempo y entréguemelas.

 

De pronto fue entendiendo la gravedad de la situación y eso hizo que más desesperara.

 

—No las tengo aquí, tardaría días en poder conseguirlas.

—¿De verdad? Creo que usted con el mismo poder que tiene, ese que es capaz de salir ileso de un delito haría traer esas cintas ahora mismo.

—Imposible. Usted no saldrá de aquí sin ir preso.

—Bueno, le diré que no necesito salir de aquí para cumplir mi amenaza. Tengo gente que solo aguarda mi llamada para hacer lo que yo diga.

 

Con la mano izquierda busqué mi móvil y fingí hacer la llamada.

 

—¡No! ¡Espere! Yo… Haré lo que pueda para que traigan esas cintas.

—Haga lo que pueda y lo que no pueda también. Recuerde, no está tratando con cualquier improvisado asesino.

 

Cogió el auricular del teléfono y pulsó un número.

 

El caño de la pistola lo apuntó a la cabeza y el click del seguro saltó.

 

—Una palabra demás y le vuelo los sesos. Y su hija, morirá.

—Tranquilo… Tranquilo… —balbuceó.

 

Mientras Mykolaiv hablaba con alguien solicitando que le trajeran las cintas, mis ojos se reflejaron en un gran espejo que colgaba a su espalda… El brillo de mi iris… se parecía tanto al de ella… Ese púrpura asesino y despiadado de mi hermana.

 

Tragué saliva. ¿Hasta dónde era capaz de llegar por Mike? ¿Acaso en definitiva no estaba convirtiéndome en el monstruo de Vilu? Tenía razón Sebastien. Quizás hubiera sido mejor pedir ayuda.

 

—Ya las traen –murmuró y colgó la llamada. Vi sus ojos brillosos y desesperados—. Usted está arruinando mi vida.

—Usted es el que intenta arruinar la mía, pero no lo va a conseguir.

—¡Iré a la cárcel!

—Debe contar con excelentes abogados, señor Mykolaiv. Además, ¿qué es más importante que la vida de su hija?

—Ella no me lo perdonará.

—Debió pensarlo antes de dedicarse a lo que hace. En cuanto a las cintas, no se mueva de ahí. Las recibiré en cuanto golpeen la puerta.

—Por favor… Escuche, puedo darle mucho dinero y…

—¿No entiende todavía por qué estoy aquí? Por justicia señor Mykolaiv. Y eso al menos para mí y para Mike Fjellner no tiene precio.

—Fjellner… ¿Es un familiar? Puedo pagarle un buen abogado.

—¡No queremos un abogado! Quiero las cintas.

—Ya las traen… Por favor.

—Ni un movimiento en falso, le conviene.

 

……………………………………………………………………………….

 

Y así fue. Ante los llamados entreabrí apenas la puerta y cogí las cintas sin dejar de apuntar con la otra mano al cretino. Di gracias al personal de seguridad y cerré la puerta. Escuché la voz del humano.

 

—¿Todo bien señor Mykolaiv?

 

Posé el dedo en el gatillo mirándolo fijo.

 

—¡Si Felix, todo perfecto! –exclamó.

 

Me acerqué casi con una sonrisa triunfal. Aún no había salido del peligro de quedar atrapado. Pero tenía razón Ivan en sus anotaciones. Su hija debía ser el talón de Aquiles. Y sí… ¿Acaso mis padres no habrían tomado represalias contra Vilu? A pesar de ser el monstruo que era…

 

—Ahora quiero que escriba una nota.

—¿Qué? ¿Ya no tiene las cintas?

—Sí, pero quiero asegurarme que me ha dado lo que deseo y que servirá para la exculpación de Mike. Así que… Escriba o su hija morirá. Le advierto, si yo no salgo del edificio ileso y en quince minutos, mi gente procederá. Yo que usted –miré mi reloj pulsera—. Me apresuraría.

 

……………………………………………………………………………….

 

Salí del edificio aún sin creer que todo había salido perfecto. Si tuviera que recordar algo que verdaderamente me impactó fue antes de abandonar la oficina. Dejé el arma sobre el escritorio y él imploró.

 

—Por favor, máteme. Dispáreme. Será lo mejor para todos.

 

Y me fui dejándolo entre súplicas y sollozos.

 

Cogí un taxi y me dirigí a la comisaría. No podía entrar como si nada ya que si la misma oficial que me conocía estaba en Mesa de Recepción, no dudaría en dar la alarma. En la acera me acerqué a una patrulla estacionada. Dos oficiales bebían café y conversaban.

 

—Disculpe, buenas tardes, ¿podría entregarle al comisario este paquete y la nota? Es urgente.

—Por supuesto. ¿De parte de alguien en especial?

—Dígale que es la prueba que necesita. Gracias.

 

Avancé por la calle bajo la lluvia. La sensación era de poder y felicidad pero a la vez… ¿cómo explicarlo? Un dejo de tristeza se mezclaba. Quizás porque no estaba acostumbrado a actuar de matón o vestirme de asesino. La pregunta que me hice mientras cogía el callejón solitario para materializarme, era… ¿Me acostumbraría como ella a destruir la vida de otro por mi objetivo?

 

 

Bernardo.


 

Sentado en la cocina bebía un café junto a Sabina. Ambos anonadados con la alerta, y muy preocupados en hallar una solución. Me había encargado junto a Douglas de hacer correr la voz del peligro del agua con arsénico. ¿Pero por qué? Si las napas no habían sido nunca susceptibles de ser alcanzadas por contaminantes. Varios acuíferos había servido por centenas de años abasteciendo la reserva. ¿Qué había cambiado?

 

Por suerte, ya alertados, todos los habitantes de la pequeña reserva procedieron a consumir agua mineral embotellada y dejar para bañarse o lavar la ropa el agua de pozo. Douglas había informado que la contaminación no era en grandes cantidades pero no debíamos beberla bajo ningún punto de vista. Claro está que el gasto en cada familia fue mayor. En algunos no alcanzaba su escasa economía para comprar tanta agua.

 

Sabina acarició mi mano y sonrió.

 

—Tranquilo, lograremos hallar la solución. ¿Has informado al Estado? Aunque supongo que ya estarán enterados.

—Hice la llamada a la oficina de reclamos pero ya estaba cerrada. ¿Además que pueden a hacer? Nos dieron la concesión de los terrenos como a los Sami pero nosotros nos encargaríamos de construir y correríamos con los gastos. Imagínate traer un acueducto desde el centro de Kirkenes.

—La obra debería partir de la ruta. La mansión tiene agua corriente.

—Aun así son muchos kilómetros.

 

Mi móvil sonó sobre la encimera.

 

—Hola… ¿Sebastien?

“Sí soy yo. ¿Todo bien?”

—No, en absoluto. Pienso que ya estarás enterado.

“Sí… Por eso te llamo. Escucha…”

—Dime.

“Tengo un helicóptero, y en el hangar varios bidones vacíos. Creo que en el garaje tengo más de ellos sin uso. Si no te incomoda puedo hacer varios viajes junto a Ron y abastecerlos con agua de la mansión. Es agua corriente.”

—Oh… Sí, eso sería muy amable de tu parte.

“No sería amable, es lo que debe hacerse. Tengo agua sin contaminar y así ustedes no tienen que gastar fortunas.”

—¡Gracias! Me sorprende un poco tu propuesta… No hemos llegado a reunirnos y… Dada la situación… Digo…

“Tú lo dijiste, es una situación. Que la cambiemos depende de nosotros. Envía a Douglas y a un par que nos ayuden.”

—Gracias. Gracias vampiro.

—De nada… Lobo.