INTRODUCCIÓN

Introducción:

Dentro de los Sami, una raza milenaria se ha mantenido en secreto. Los lobos basados en la naturaleza y el honor han logrado la supervivencia lejos del ojo humano.

La reserva es su hogar y transitaré en ella para conocer cada secreto. Es un gusto que ustedes me acompañen. Estoy segura que reirán y se emocionarán.

Por mi parte cada línea, cada párrafo sobre ellos, me ha llevado a un mundo de misterio y fascinación.

Lo siento no puedo prescindir de ellos. Ellos… también me han atrapado.

sábado, 9 de mayo de 2020

¡Hola chicos! Dejo nuevo capi esperando que lo disfruten. Beso grande para todos y gracias por acompañarme.


Capítulo 40.
Pacto con el diablo.

Kriger.

Después de la tercera cerveza salí del bar a las ocho de la noche. Mi padre me esperaba a cenar en su maravilloso departamento que compartía con esa humana abogada. Se lo veía feliz desde mi decisión de romper con Mike. Nunca había aceptado mi condición de homosexual. En cuanto me descubrió me retiró toda ayuda económica y hasta el saludo. Seguramente ahora albergaba la esperanza que según él, tuviera una pareja “normal”. Lo que mi padre ignoraba es que mi sexualidad no era un capricho o un gusto por experimentar cuestiones prohibidas. Siempre supe que me agradaban los machos. Sin embargo por ahora no pensaba contradecirlo. De esa forma podía contar con dinero extra y un nuevo trabajo en una de sus oficinas. No podía regresar a la reserva y tener que cruzarme a Mike y a sus amigos. Mucho menos a su hermana. Bua me odiaba y cada vez que me veía fuera donde fuera lo dejaba bien claro. Ella y la reserva conocían la verdad. Yo no había cortado la relación con su hermano, él me había descubierto en una infidelidad sin importancia, pero Mike no me perdonó. Toda experiencia deja una enseñanza y ser infiel provocó que entendiera todo lo que amaba a Mike. Solo faltaba que me perdonara.

Pero las cosas estaban poniéndose difíciles. Mi ex estaba escurridizo y reticente a hablar a solas. Ni siquiera me atendía las llamadas. Sospechaba que habría un tercero tras él que lo habría obnubilado y esa fantasía tenía que echarla abajo, recordándole que mi amor era el único verdadero. El que podría aguantar sus cambios de humor y sus caprichos. El que podría levantarle la autoestima tan endeble que sufría.

Avancé hacia el estacionamiento buscando mi flamante coche, regalo de mi padre. Un Renault Clio color negro. Quité la alarma y me disponía a subir cuando vi a Camile bajando de un vehículo. Me miró y alzó la ceja sonriendo.

Se acercó muy a pesar mío. Lo único que hubiera deseado es no verla en mi situación. Seguramente se burlaría como era su costumbre. Vivía divirtiéndose con el sufrimiento del otro. ¡Cretina!

—¡Hola Kriger!

Di arranque al coche.

—Estoy apurado, Camile.
—Apurado y un poco bebido –disipó el aire con una mano—. ¿Puedes conducir con alcohol encima? Te cuidado con el control policial.
—Dime, ¿irás corriendo a darle aviso a una patrulla?
—Oh no, ni que fuera tu enemiga –sonrió.
—Entonces, adiós.
—Adiós… Me alegra que estés mejor y hayas olvidado a ese chico de mala muerte, no era para ti. Va bien junto a ese ridículo vampiro –se alejó.

Apagué el motor.

—¿Un vampiro? ¿Sabes quién es?
—¿Disculpa? –se giró para mirarme—. ¿No estabas apresurado?
—Sí… Pero… tengo curiosidad por saber de ese vampiro que dices. ¿Los has visto juntos?
—Bueno, cada vez que entro al hotel a trabajar en el turno vespertino, he podido verlos sí… a dos calles de aquí… varias veces en la calle de la Universidad.
—¿Es ese profesor?
—¡Yo qué sé a qué se dedica el vampiro!
—Sí… Debe ser él. No sé cómo averiguar quién es y si es solo un juego de coqueteo entre su alumno y él.
—Ah… Pues… yo diría que para coqueteo es mucho. No iría a un hotel a pasar la noche si solo es un juego de seducción.
—¿Qué dices? ¡Regresa! Cuéntame que sabes.

Se acercó altanera.

—¿Pero tú te crees que yo regalo información gratuita? No eres mi amigo o familia.
—¿Cuánto quieres? Tengo dinero.
—Bueno… No sé… No hablaría bien de mí si lo hago solo por dinero. Sin embargo te aprecio. Eres un lobo de familia distinguida aunque cometió algunos errores y…
—¡Cuánto, Camile!

Sin esperar quité de la billetera un suculento billete.

Lo observó y lo cogió.

—Okay, lo que sé es que se llama Chelle Ovensen. Se registró junto con Mike en el hotel “La manada.”
—¿Ovensen? No me suena de ningún aquelarre. ¿Será errante?
—Ese vampiro apuesto y elegante no es un errante. Se ve como los Gólubev y los Craig pero no es ninguno de ellos. Sus rasgos son más bien aborígenes. ¿Entiendes?
—No… ¿Puedes averiguar quién es? Te daré lo que me pidas.
—¿En serio? ¿Qué ganarás con saber quién es?
—Todo el mundo esconde secretos, Camile. Podría encontrar su talón de Aquiles y que Mike despierte de su idilio.
—Ah… eso sí… Bueno… Te avisaré si tengo novedades.
—No te tardes, por favor.

Grigorii.

Abrí los grifos y cerré los ojos bajo el agua cálida de la ducha. El día había sido agotador. Tras seguir los pasos de un pesquero que traía contrabando de droga y armas, al fin habíamos atrapado a los tres responsables. Vikingo había hecho un muy trabajo de inteligencia, estaba orgulloso de contar con un comisario como él. Además de ser mi amigo. Tenía un carácter apacible y sereno, jamás lo vi descontrolarse por algo que no podía dominar. La paciencia era su virtud. En casos como el que debimos desbaratar era sumamente importante su temperamento.

Recordé como había seguido las pistas de los Craig. Desde el primer instante de aquellas muertes declaradas suicidios, a él no le cerraron. Sin embargo en ese entonces era un simple oficial sin el poder de decisión que se necesitaba. Me alegré por ello. Todo se dio en el tiempo justo. Porque de lo contrario, Sebastien hubiera huido con su familia a las cumbres sin dejar rastro, y lo que es peor… yo no hubiera conocido a Scarlet.

Hablando de ella…

La mampara de la ducha se hizo a un lado y un par de ojos púrpura me miraron de arriba abajo.

Sonrió.

—Aquí estás… Envuelto para regalo.

Reí mientras me enjabonaba.

—Scarlet Craig, siempre tan silenciosa.
—Y peligrosa –agregó—, se te olvidó decirlo.
—¡Cierto! Olvidaba el detalle.

Se despojó de la ropa con total seducción.

—¿Sabes Grigorii? Tus nuevos talentos de destreza y puntería son muy excitantes.
—¿Y mi humilde cuerpo humano no lo es? –fingí enojo.
—Oh sí —sus ojos se clavaron en mi entrepierna—, solo que… me gustaría provocar algunos cambios en tu perfecta anatomía.

Reí y extendí la mano.

En segundos me vi atrapado contra los azulejos. La rodee con mis brazos y su boca quedó a centímetros de la mía.

—Tienes unos labios tan suaves y carnosos –susurré—. Tus pechos se amoldan perfectamente a mis manos, son ideales.
—Y tú tienes un poder para levantar mi libido –resbaló sus manos por la espalda.
—Será porque te conozco, mi princesa vanidosa.

La besé con pasión sujetando sus caderas contra mí. Como si fuera capaz de retenerla con mi fuerza humana.

Sus manos descendieron hasta el trasero. Separó su boca jadeante.

—Tienes un culo muy duro. Excepcional. ¿Genética? –sonrió.
—No, miles de sentadillas.
—Oh… Debí imaginarlo –me besó mientras el agua se deslizaba por la piel y moría en el desagüe.

Lamí sus pezones y me dediqué a ellos hambriento de su cuerpo. La respuesta de mi parte fue instantánea. Pero no creía que era un nuevo don sino que la única causa tenía su nombre y apellido. Era perfecta. Creada para amarla una y otra vez y no cansarte nunca. Era un sueño dentro de la perfecta realidad de nuestro amor. Era suyo y ella mía para siempre. ¿Para siempre? ¿Yo, un humano mortal? No deseaba enredarme en pensamientos que obstruyeran este momento. Aunque fueran parte de esa realidad idílica. Así que me esforcé por concentrarme en disfrutarla, en darle todo de mí.

Sin embargo en la intimidad del sexo como en la vida cotidiana, Scarlet Craig no había nacido para permanecer inactiva solo recibiendo mientras disfrutaba. Cada movimiento, cada paso natural o provocado, nunca pasaría inadvertido. Ser protagonista era innato en ella. Como aquella vez que se puso de pie en el restaurante y se dirigió a los baños, como al bajar del coche o subir cuando la llevaba Ron a la Jefatura. Al caminar por el pasillo hacia la oficina… Cuando clavaba ese iris misterioso en tu humilde existencia. Incluso cuando su voz melodiosa y atrayente sonaba con un simple, “hola”.

Y sus manos… delicadas, femeninas, y trampas mortales. Al acariciarte todo tu ser se detenía en tiempo y espacio. Su roce o caricia descontrolaba las funciones de tus células, solo respiración y latidos… Lo mínimo suficiente para saber que aún sigues vivo... para ella. Únicamente para ella.

Entonces, como ahora bajo la ducha, entras en ella. Y la haces tuya una y otra vez todo lo profundo que puedes con el movimiento natural de esa excitación que crece y crece… Y sin darte cuenta ella acapara tu físico adueñándose de cada centímetro de la piel, dominando tu alterado torrente sanguíneo. Tus oídos no son capaces de escuchar otra cosa que no sean sus gemidos. Luchas por mantener un mínimo de control sobre ti y por segundos crees que lo logras, pero no. Simplemente porque ella es la dueña del motor que te mantiene vivo, tu corazón.

Cuando el orgasmo avanza… percibes que tu cuerpo se separa en miles de trozos. Ella te divide por completo, te desarma… Te despoja de toda defensa como el mejor depredador. Te abandonas en esos brazos que te acunan y es allí en ese instante, cuando te vuelve a armar.

Unos golpes suaves se escucharon en la puerta de la habitación.

Scarlet arqueó la ceja y me liberó de sus brazos.

—¿Quién será el inoportuno?

Cogió una bata del armario y antes de salir me miró.

—No te vayas cariño, regresaré.
—Es una de mis frases predilectas –sonreí.

Mientras cogía una toalla, me secaba e imaginaba que la cama sería nuestra próxima parada, la voz de Sebastien se escuchó.

—Siento interrumpirte Scarlet.
—Calla, no lo sientes –rio—. Es una clara venganza por todas las veces que te interrumpí.
—¡Graciosa! De verdad me urge hablar contigo.
—Dime.
—Sé que mañana irás a ver a Yako como tantas veces pero voy a pedirte un favor.
—Me intrigas.
—Dadas las circunstancias entre lobos y vampiros preferiría que Sabina o Bernardo vengan aquí con el niño. Tú sabes, últimamente para varios de la reserva no es grato la visita de cualquiera de nosotros. Incluso la de Bianca.
—Pues… Sinceramente me importa un cuerno lo que opinen algunos licántropos y si les cae mal mi visita.
—Es su reserva, Scarlet. Su territorio.
—No son dueños del bosque.
—Lo sé, pero el gobierno les otorgó esos suelos a la reserva sami y alrededores. Ellos sienten que nuestra presencia suena a invasión. Sé que no son todos. Sí una gran mayoría.
—Es por lo de Vilu, ¿verdad?
—Exacto. Es mejor dejar que se calmen las aguas. No me gustaría que este malestar termine en un verdadero enfrentamiento. Douglas vive rodeado de lobos. Ya pasamos por algo así. Además la paz es un deber que surge de nuestro padre.
—Entiendo, okay… No te preocupes. Hablaré con Sabina.
—Gracias, ahora debo irme al hotel. Lenya no creo quiera separarse de Liz y los mellizos.
—Tranquilo hermano. Me encargaré.

Cuando Sebastien se retiró, salí del baño con la toalla a la cintura. Scarlet me miró.

—Luces preocupado.
—Escuché lo que dijo Sebastien. ¿Hay posibilidad de que lobos y vampiros se enfrenten?

Sonrió con ternura.

No te angusties. Estarías fuera de todo conflicto. Eres humano, mi amor.

—Lo sé… Sin embargo si los lobos hacen daño a los vampiros… Adivina de qué lado estaré.

Bernardo.

Sabina me ofreció una tizana caliente a pesar que insistí en que sabía preparármela solo. Ya demasiado tenía con dos niños y las tareas comunitarias en las que estaba inmersa desde hace un mes. Yo me encargaba de limpiar la casa y hacer las compras después de regresar de la construcción. A la noche después de cenar cuando los niños dormían, veíamos alguna serie entretenida o si ella prefería tejer prendas para el invierno, yo cogía el libro de los lobos y repasaba algunos capítulos. No es que quisiera saberlo de memoria, pero me urgía encontrar alguna respuesta en caso de enfrentamiento de razas. Debía saber la solución si se presentaría algún conflicto importante.

Sin embargo nada… Lobos y vampiros habían vivido por miles de años en armonía, sin molestarse, respetando sus creencias y familias. Evidentemente Adrien y Maia lo había hecho muy bien. Es cierto que no había un acercamiento como este último tiempo. Cada uno en su lugar, en su territorio… Ahora, las cosas eran diferentes.

En la reserva vivía Douglas, hijo de un vampiro. Drank, un lobo, emparejado con una vampiresa y amigo de Liz. Por supuesto, Bianca y yo. Scarlet, madrina de Yako. Y a mis oídos había llegado la noticia que una de las jóvenes Sherpa merodeaba la parte de pastoreo de la reserva. Tim me había comentado feliz sobre el cambio de Carl y el buen ánimo que traía cuando se encontraba con su nueva amiga. Mismo Sabina me había comentado que Camile estaba temerosa de que un vampiro había alquilado una habitación del hotel, cuestión que mi hembra le aseguró que todos los vampiros que merodeaban Kirkenes eran de conocidos aquelarres y que nadie le haría daño. También procuró de ordenarle que su trato fuera cordial bajo pena de despedirla, no deseaba tener problemas con los Craig.

Así como se veían los hechos parecían de una gran calma pero algo olfateaba en el aire. Como si los lazos de las razas antagónicas costaran unirse y un denso malestar fuera gestándose silencioso. Era obvio que el homicidio de Erland Fjellner por un vampiro no iba a caer en gracia, pero había algo más. De hecho cuando Anouk comenzó a enseñar en el Jardín tuvo que enfrentarse a varios padres que temían que la educación Sami no fuera la primordial. Un temor a perder las costumbres por otras, o quitar la importancia a tanta historia que formaba nuestros cimientos. Por suerte Anouk supo dar tranquilidad y todo quedó en aquella charla de reunión de padres.

Pensé en los Gólubev… Algún día querrían visitar a la pareja. Por mi parte y la de Sabina serían bien recibidos, ¿pero el resto?

No deseaba dejarles a mis hijos una reserva egocéntrica y aislada del mundo. Desde hacía algún tiempo mi lucha era lograr lo contrario. La pregunta es, ¿estaría apresurando los hechos? ¿Debería dejar su curso normal? ¿O quizás debía poner un límite a este intercambio de mundos tan opuestos porque el remedio sería peor que la enfermedad?

Me acomodé en el sofá y bebí un sorbo del té exquisito. Sabina se sentó a mi lado con un café y una sonrisa de oreja a oreja.

—¿Adivina qué?
—Dime cariño, seguro son buenas noticias.
—Rita consiguió un buen empleo.
—¡Qué bien! ¿Dónde?
—Hablé con Sebastien y tiene un puesto para ayudar al conserje. Ese tal George tan diligente que dirige el hotel.
—Oh… ¿Trabajará en el Storn? ¿Por qué no en La Manada?
—Pues… porque tenemos ya dos empleados y el hotel no es de gran envergadura. ¿Algún problema?
—No, en absoluto.
—Yo creo que sí. ¿Cuál es tu temor? Sebastien es respetuoso de las leyes laborales. No la explotará.
—No es eso…
—¿Entonces qué es?
—A ver, no me malinterpretes. No estoy pensando que le irá mal a Rita por trabajar bajo las órdenes de Sebastien. Lo que creo es que ser ayudante de conserje no es gran cosa. Lo sé, es trabajo. Pero no quisiera que Rita se sintiera menos dentro de ese mundo lujoso.
—Bernardo, si Rita no es la Contadora o Abogada de ese hotel es porque no estudió. Y te diré que en el caso de ella fue elección casarse y vivir para ello. Hay muchas hembras que no son así, sin embargo no es el caso de Rita. Y además está feliz con el trabajo.
—Okay, no te enfades.
—Es que no entiendo porque no te alegras. Parece que tienes miedo de que afiancemos lazos.
—No… Bueno sí. Un poco. No me hagas caso. Este último tiempo hay una gran tirantez y no lo puedes negar. Adrien y tu madre siempre han mantenido cierta distancia.
—No lo niego. Tampoco tú ignores que tengo un hijo con un vampiro, y Drank y Anouk tendrán los suyos. Quien sabe cuántos más se enamoren sin importarles su raza. Douglas es la versión más real de lo que puede ocurrir, y eso algo que ni tú ni el libro de los lobos podrán impedir.

En ese instante Tim tocó a la puerta.

Apenas me vio su rostro preocupado me contagió.

—¿Qué ocurre?
—Es Jorunn. Lo vi salir con su coche y doy fe que iba bebido. Intenté detenerlo y casi me pasa por encima.
—Okay, iré por un abrigo y la furgoneta. Vamos, entre los dos lo traeremos de regreso.

Miré a Sabina.

—Te amo –guiñé un ojo.
—Yo también aunque no coincidamos –sonrió.

Douglas.

Abrí los portones con el comando de mi llavero y reduje la velocidad para atravesar el parque. Las luces de la planta alta estaban todas encendidas. Debían estar reunidos en la habitación de Liz junto a Lenya y los mellizos. Marin y yo los habíamos conocidos esta mañana pero había prometido traer los regalos que por el apuro habíamos olvidado.

Descolgué del manubrio las bolsas de celofán con ositos y me dispuse a entrar. Mi padre salió vestido de traje y corbata antes que mi mano se posara en el picaporte.

—Oye, ¡qué elegante!
—Iré por Bianca al hospital y cenaremos en Kirkenes.
—Adivino que no regresarán a dormir.

Sonrió.

—Es una posibilidad.
—Que se diviertan y cuídenme a mi hermana.
—Claro… Oye, Douglas. Quiero que te lleves algo de dinero.
—No gracias papá.
—Es un préstamo. Nada más. Es mientras no te paguen el primer sueldo.
—Puedo arreglarme solo.

Rodó los ojos.

—Okay, sigues enojado conmigo.
—No… Pero quieres que madure y haga frente a mis responsabilidades así que…
—Es un préstamo, Douglas. Me lo devolverás. Vamos, no seas orgulloso.
—Te prometo que si necesito y estoy al límite te aceptaré.
—Muy bien.

De pronto el motor de una moto se escuchó cerca.

—¿Vendrán para aquí? ¿A la mansión?
—No lo sé. Espero que no sean visitas de ningún tipo. Bianca no le gusta que la haga esperar. Por las dudas voy encendiendo el coche.
—Okay. Iré a ver los mellizos.

Mi padre avanzó hacia el garaje y abrí la puerta de la sala. Sin embargo al escuchar la moto detenerse mis ojos fueron hacia la cámara de seguridad ya que los portones se habían cerrado nuevamente.

—¡Numa! –exclamé feliz al verlo.

Abrí los portones y salí al parque. Sin embargo lo que vi… me detuvo el corazón.

Estaba con ella… Ekaterina. Y no solo venían juntos. Ella se bajó sonriendo y lo cogió por la nuca y lo besó. Y él… la rodeó con los brazos y le correspondió como si fueran novios. No… No como si lo fueran. Lo eran.

Me quedé inmóvil tragando hiel por la garganta, casi temblando de confusión y rabia. Como si alguien me despertara sacudiera mi cuerpo, y dijera, ¡eres idiota! ¿No te habías dado cuenta?

Abrí la boca pero mis palabras no salieron. Me sentía traicionado de la peor forma. Porque se trataba de mi amigo, de mi hermano.
Al fin me vio, me descubrió. Sus ojos se agrandaron por la sorpresa y quedó inmóvil. Ella se apartó y su sonrisa se borró de un suspiro. Las bolsas cayeron de mi mano y subí a la moto. No podía ser. Numa no podía haberme engañado y burlado de mí.

Antes de dar arranque a la moto y huir al fin del mundo, se interpuso con rapidez y se aferró al manubrio.

—¡No te vayas! ¡Déjame explicarte!

Reaccioné furioso.

—¡Qué mierda vas a explicarme! ¿Qué me mentiste? ¿Qué te burlaste de mí todo este tiempo?
—¡No! No es lo que piensas.
—¿Ah no? ¿Me dirás que no hay nada serio entre los dos y que solo saliste a divertirte? ¿O qué la encontraste de casualidad por el camino?
—No… Somos novios… Pero no quiero que pienses que me burlé de ti.
—¿Desde cuándo están juntos? ¡Dime!
—Hace un tiempo.
—¿Y no pudiste venir de frente y contármelo?
—No quería enojarme contigo. Por favor, entiende.
—¿Quién me entiende a mí? Lo que hiciste tiene un nombre y se llama traición.
—¡No!
—Estabas con ella la otra noche, ¿verdad? Y no me lo dijiste. Me mentiste.
—No te mentí, te lo oculté.
—¡Ah okay! Eso te libera de traidor.

Mi padre se acercó con el coche. Intuyendo que algo ocurría bajó apresurado y se acercó.

—No soy un traidor, Douglas. Solo tuve miedo decírtelo. Es que tú…la odias.
—Sigues justificándote.
—Douglas, Numa, tranquilícense –mi padre se interpuso entre los dos.
—No quiero tranquilizarme, papá. Es un traidor.
—No debí ocultártelo, lo siento.
—No te perdono. Lo que me has hecho me duele y considero que no me lo merecía.
—¡Hablemos! Déjame explicarte como me sentí, porque no te lo dije. Iba a hacerlo tarde o temprano pero no encontraba el momento justo.
—¡Cálmense los dos!
—No hay momento que no sea justo para hablar con sinceridad a un amigo –bajé el tono—.  Es porque no lo soy para ti. No quiero hablar más contigo. Se terminó. No podemos ser amigos. Sal de mi vista.

Numa me miró desconsolado. Y yo… tenía tanta rabia… que no me retracté.

En un arranque de desesperación subió a la moto y partió a toda velocidad.

—¡Numa! –llamó mi padre.

Mis ojos fueron a Ekaterina que había quedado inmóvil con cara de espanto.

—Tú eres la culpable de todo. Siempre estás en todos los conflictos de esta casa.

Salió corriendo hacia la mansión y se encerró en su habitación.


Sebastien.

El ruido del coñac al caer en el vaso no me distrajo de la escena que tenía a pocos metros de mí. Douglas sentado en el sofá con actitud de despojo humano y lágrimas en los ojos. Bianca sentada en la banqueta del piano había llegado hacía diez minutos, con gesto lastimoso me miraba sin saber qué hacer ya que en poco tiempo mi hijo le había resumido el acontecimiento del parque.

Suspiré. Okay… Ahí íbamos…

—Douglas, tarde o temprano tendrás que hablar con él –me senté en el sofá y crucé la pierna sobre la otra. Esto iba para largo.
—¿Para qué papá?
—¿Cómo que para qué? Numa tendrá una explicación razonable para haberte ocultado lo de Ekaterina.
—¡Por favor, papá!
—Numa no te haría algo así por puro gusto, quizás no te has dado cuenta pero has exteriorizado tanto rechazo hacia ella que es evidente que fue difícil enfrentarte.
—Lo hubiera entendido.
—¿En serio? –arquee una ceja.
—Me hubiera enojado, sí… pero… Ahora es mucho peor.
—Eso no te lo discuto –bebí un trago y miré a Bianca.
—En mí no busques apoyo. Con Douglas de por medio jamás seré imparcial, lo sabes.
—No busco que no lo apoyes, solo minimicemos la situación. Son amigos desde los siete u ocho años. Fue un error de parte de él, ¿no es posible entenderlo y disculparlo? Todos cometemos errores. Tú, Bianca, yo.
—Es que entre amigos la vara es a veces muy alta –dijo Bianca—. Uno… espera no tantas cosas como con una pareja o hijo, pero si lo que espera es… como decirlo…
—Que no se rompa, indestructible –murmuró Douglas.
—¿Tú no perdonarías a Bernardo algo así? –protesté.
—Pues… el caso es que no imagino a Bernardo ocultándome algo importante por temor a que me enoje. Prefiere que me enfade.
—¡Genial! ¡Qué valiente!
—Hablo en serio, Sebastien.
—Por favor, lo menos que quiero es que discutan por mí. Siempre hago desastres, todo mal.
—Hijo… No haces todo mal. Eres impulsivo. Tu reacción fue normal ante el hecho evidente, lo que aconsejo es que cuando estés más tranquilo lo llames y hablen.
—Mejor me voy. Marin debe estar preocupada.

Rose entró a la sala.

—Hola Rose, ¿vienes de cazar? –pregunté.
—Sí… Ehn… El oficial, Vikingo… está en la puerta con el patrullero. ¿Espera a Grigorii o a Scarlet?
—¿Vikingo aquí? –avancé hacia la salida.
—No lo escuchamos –dijo Bianca poniéndose de pie.

Atravesé el parque  y llegué hasta los portones abiertos.

—Oficial Hansen, ¿busca a Grigorii o a mi hermana?

Él se mantuvo inmóvil junto a la puerta del patrullero. Me miró y clavó su vista en unos papeles que sostenía.

—¿Oficial? –insistí—. ¿Ocurrió algo?

Avanzó lentamente como si no quisiera llegar nunca hasta mí.

—Sebastien, buenas noches.
—¿Buenas noches? Dígame usted si lo son.

Movió la cabeza negando.

—Me temo que no. Fue solo un saludo formal.
—Hable, por favor.

Bianca, Douglas, y Rose, se acercaron.

Vikingo extendió uno de los documentos.

—Hubo un choque frontal. Un coche… conducía borracho… Se llevó por delante una moto.

Douglas arrebató el documento de mi mano y sus ojos se hundieron en los datos.

—El joven de la moto… Numa Craig es su hijo, ¿no es así?
—¡Sí! ¿Cómo esta? –me desesperé.
—La ambulancia lo llevó al hospital. Me temo que está grave.

Corrí a mi coche con Bianca pegada a mis talones. Antes de darle arranque Douglas subió a la moto y atravesó los portones a toda velocidad.


Carl.

Pastoreaba con las cabras hacía quince minutos y aún Miyo no había llegado. La vampiresa llenaba todo el aire con su graciosa presencia cada vez que venía al lugar de reunión. Sus ocurrencias me hacían olvidar quien había sido yo. Un lobo triste y rechazado por muchos. Ella no sabía de mi historia, de mi cruel familia, de mi soledad. Así que me trataba como un nuevo amigo sin importarle mi pasado ni mi raza.

Siempre la acompañaba ese vampiro elegante. Pero no era su pareja, ella decía que se llamaba Chelle y era su amigo.

—¿Quieres ser amigo de Miyo, por favor? –me preguntó la segunda vez que nos vimos.
—Sí –contesté—. Me gustaría.

La verdad que nunca me habían pedido por favor que fuera amigo de alguien. No era una loba o lobo, cierto… sin embargo fuera de Tim no me había ido muy bien con mi raza. Los humanos con los que traté podían haberlo sido, pero mi madre había calado tanto en mi cerebro con su estricta y equivocada educación que no les di chance de acercarse más que el trato comercial de mis negocios.

Hoy por hoy, no tenía familia en que refugiarme, y mis negocios habían quebrado en manos de mi cuñado.

Con Miyo era diferente. Era agradable al trato sin llegar a ser forzado por el protocolo, porque de protocolo no sabía casi nada. Era cómica y alegre. Lo que me hacía falta para olvidar la pesada rutina y el vacío de mi vida. A la vez, mis ojos no la veían como a una hembra a la que quisiera conquistar. Entendí aquello que dicen que los amigos apenas se conocen saben que serán buenos amigos.

Si me ponía a pensar, había sido mágico. Poco y nada nos conocíamos pero ella no le importaba de donde venía yo, ni siquiera que fuera lobo. Y yo… yo tenía solo a Tim, no gozaba de la amistad con más seres y creo que necesité esa parte de Miyo desinteresada y que me hiciera reír.

Cuando al fin llegó saltando alegre por las matas como un cervatillo, se detuvo cerca de mí y me miró con ojos brillantes.

—¡Hola amigo!
—¡Hola Miyo! –sonreí.

El vampiro acompañante se quedó a una distancia entre los árboles. Solo la aconsejó.

—¿Ves Miyo? Debes llamarlo por el nombre como él a ti.
—Me llamo Carl –agregué—. Pero por mí está bien.
—¡Carl! A Miyo le gusta tu nombre.
—Gracias. Podría llamarte Miyo “coco” por tu rico aroma.

Rio con una risa cristalina.

—¿Qué quiere decir Carl?
—Ehm… Bueno, no sé exactamente pero te prometo averiguarlo. ¿Y Miyo?
—Mi nombre es Miyolangsangma, Diosa que mora en la cima.
—Guauuu –reí—. Me gusta, es importante.
—Miyo no es importante por el nombre. Es importante por lo que es. Por lo que tiene aquí –señaló su corazón. Y Carl también.
—No sé si tengo algo importante aquí –señalé mi pecho.
—Miyo cree que sí.

Sonreí.

—Gracias, amiga.
—Yo me sentaré allí –dijo el vampiro señalando unos troncos cortados a quince metros de distancia.

Antes de cumplir lo que había dicho el movimiento entre la maleza nos hizo prestar atención. Las cabras dejaron de pastar.

Agudicé la vista y lo vi. De un salto llegó al claro.

—¡Hola!
—¡Mike! ¿Qué haces aquí? –pregunté asombrado.

Sacudió sus jeans y sonrió.

—¡Hola lobo!
—¡Hola Miyo!
—¿Conoces a Miyo?
—Sí, tuve ese placer. Y como Tim me dijo que te encontrabas con una vampiresa muy graciosa cuando pastoreabas con las cabras pues… quise dar una vuelta y ver si era ella.
—¡Mike! ¡Está Chelle! –Miyo saltó de alegría.
—Ah, ¿también conoces al vampiro? –arquee la ceja.

Al fin los dos se miraron.

—Sí, también tuve el placer. ¡Hola Chelle!
—¡Hola Mike! –sonrió.
—Es mi profesor en la Universidad –agregó Mike.
—Sí, soy su profesor.
—Bueno… Si quieren hacemos una fogata y conversamos de la vida –bromee.
—Miyo quiere acariciar las cabras –dijo ella cogiendo la más pequeña.
—Yo mejor me quedo con Chelle por ahí. Creo que no conoce el bosque.
—No…. Ehm… No lo conozco –balbuceó él.

Ambos se alejaron, pero no sentaron en los troncos. En un abrir y cerrar de ojos desaparecieron.

Me acomodé sobre la hierba bajo un ciprés y Miyo se sentó junto a mí con la cabrita en brazos.

—Oye Miyo, ¿qué hay entre esos dos?

Puso su dedo índice en los labios.

—Ssssh, secreto. Y Miyo no dice los secretos.
—Ah… Okay. No preguntaré más.

Como si hiciera falta…

La tarde fue cayendo entre una charla divertida y repleta de aprendizaje. A Miyo le gustaba aprender sobre cosas cotidianas y traté de enseñarle todo lo que podía. Sin embargo, como cada tarde de encuentro me iba con la sensación de haber aprendido mucho más de ella.

—¿Así qué conoces la nieve? –pregunté.
—Sí, me gusta.
—Me gusta más el verano. Sufro el frío. En Kirkenes también nieva mucho por un largo tiempo. Pronto vendrá el invierno y todo se volverá oscuro.
—En casa no es oscuro en invierno.
—¿En Siberia?
—Hay sol, luna, estrellas, y nubes blancas. También llueve mucho.
—Me gustaría conocer Siberia.
—Un día Miyo te llevará. Te mostrará su casa, está lejos, muy lejos. Pero papá ya no está, se fue más lejos.
—¿A otro país?
—¿País?
—Sí, quiero decir a otro sitio, lugar en el mundo.
—No, papá está más lejos. Thashy dice que está más lejos que la luna. No puede volver.
—Entiendo. Mi padre también se fue muy lejos. Como el tuyo. Y tampoco volverá.
—¿Tu mamá está con tu papá? La mía sí.
—No, pero no quiero hablar de mi mamá. Ella no es buena aquí –señalé el corazón.
—Pobre.
—Sí, no soy un lobo con suerte.
—No. No pobre Carl. Pobre mamá de Carl.

La miré a los ojos. Realmente parecía sentir lástima por mi madre. Y hasta cierto punto, creo… le di la razón.


Mike.

Corrí entre los estilizados pinos zigzagueando, con Chelle pisándome los talones. Reí y giré mi cabeza para contemplarlo tras de mí.

—¿Eso es todo lo que corres, vampiro?

Un viento a mi costado se deslizó dejando ese perfume a coco encantador.

Me detuve jadeando y observé a mi alrededor.

—¡Oye! ¿Dónde estás?

De un salto me sorprendió de pie frente a mí.

Sonrió burlón y respiró profundo.

—Para que quede claro que solo iba tras de ti porque eres el que conoce el bosque.

Exhalé el aire de mis pulmones y lo contemplé.

—Te ves hermoso cuando te agitas.
—Tú también, pero prefiero que te agites por otros motivos.

Sin darme tiempo a decir palabra me acorraló contra un tronco. Sus manos se aferraron a mis caderas y acercó su nariz a la mía.

Sonreímos.

Lo cogí de la nuca y lo besé. Su lengua respondió al instante, con el mismo deseo de la primera vez. Mis manos se deslizaron por debajo de la camiseta acariciando el pecho musculoso. Su piel bajo el tacto era suave pero su cuerpo parecía hecho de piedra.

Separó su boca sofocado por la pasión y sus ojos púrpura se achinaron.

—Estás atrapado, eres mío y…

No escuché el final de la frase. Una escena golpeó mi cerebro traicionando el maravilloso momento entre los dos… Mi padre… atrapado entre las garras de esa vampiresa asesina. ¿Le habría dicho “estás atrapado” antes de darle muerte?

Creo que mi rostro cambió bruscamente y él lo notó.

—¿Qué ocurre?

No podía arruinar este instante entre los dos así que simulé una sonrisa y me escurrí de sus brazos apartándome a varios metros.

Me miró preocupado.

—¡Al rio!

Me quité la ropa y corrí hacia la orilla en la parte más profunda. Me lancé sintiendo el impacto del agua fría. Al emerger lo busqué con los ojos. Aún estaba de pie, observándome dudoso. Pero no tardó en quitarse la ropa y unirse a mí.

Nadamos hasta la otra orilla. Yo era más rápido nadando así que lo esperé con una sonrisa triunfante. Mis pies tocaban la arenilla del suelo mientras el agua bajaba y subía bajo el mentón. Él emergió a los segundos y sacudió su cabello empapado. Nos miramos…

—Eres hermoso.

Sonreí.

—Tú también.

Mis manos lo encontraron bajo las aguas y me aferré a su cuerpo. Nuestras bocas se rozaban. Hubiera permanecido eternamente en brazos de él pero lo cierto que Chelle debía regresar con Miyo antes del anochecer, así que apresuré el trámite y lo incité a hacer el amor en ese río que tantas veces me había visto jugar de niño y a acampar de adolescente con mis pares.

La corriente parecía muy calma. Habías días que era imposible sumergirse sin ser arrastrado. Una vez, Burnaby me salvó de estrellarme contra un montón de ramas que flotaban a la deriva. Siempre fui un chico valiente y temerario. Como Bua. Tenía recuerdos maravillosos junto a mi hermana, y también peligrosos. Como la noche que decidimos acampar aquí y no avisar en casa. Mi hermana tenía dieciséis años y yo doce.

La reserva salió a buscarnos. Nos encontraron pasando la medianoche. Aún puedo ver a mi padre con el ceño fruncido. No nos dirigió la palabra hasta que llegó a casa y mamá se encargó por todo lo que no nos dijo él. Después la penitencia. Sin salir una semana entera…

Cuando mi padre al fin nos habló, explicó el motivo de tanto enojo. El miedo por parte de ellos a que hubiera ocurrido algo malo, y la consecuencia por no ser responsable. También dijo algo que me quedó grabado… “No les dirigí la palabra porque estaba muy enojado y cuando uno enfurece ante alguien que ama, debe callar, porque dirá palabras que no siente y luego se arrepiente. Pero ya están dichas. Lo que se dice no puede borrarse como lo escrito, ya no vuelve atrás.”

Hacer el amor con Chelle en el río fue otra experiencia única. Todo con él era diferente a lo vivido con Kriger. Era su amor por mí tan palpable, su entrega, aunque nadie lo supiera y fuera secreto. Antes no hubiera podido comparar lo real con lo ficticio o la atracción física del sexo con la pasión que nace del amor. Enamorarse parece algo similar y confuso hasta que se presenta efímero, entonces… te das cuenta de la gran diferencia.

Cuando la explosión de placer nos llegó, Chelle no aflojó el amarre de sus brazos. ¿Temía perderme? Quizás… Pero yo nunca me iría de su corazón a pesar de vivir lejos uno del otro.

Un lobo aulló estremeciendo el bosque, le siguió otro aullido.

Chelle cambió la expresión.

—¿Te pone nervioso el llamado del alfa?
—Un poco, sí –murmuró.
—Haces bien, esos lobos salvajes sí son peligrosos –lo besé en los labios—. Vamos, Miyo puede asustarse.

………………………………………………………………………………

Por el camino de regreso junto a Carl, traté de explicar mi conducta y la huida con el vampiro. Él no preguntó nada solo me miraba con cierta desconfianza ante mis verborragias justificaciones. Hasta que decidí decir la verdad. Me había apartado para tener sexo con Chelle.

—Como verás estoy confiando en ti –alegué.

Carl se detuvo y me miró.

—No estás confiando en mí, Mike Fjellner. Lo que me has dicho era fácil de deducir. Cualquiera lo hubiera adivinado que no fuiste a recoger florecillas. Contármelo no significa que hubiera habido otra opción.

Siguió camino y suspiré.

—¡Carl! –lo llamé y giró para verme.

Me acerqué hasta tenerlo cara a cara.

—Amo a ese vampiro. Estoy enamorado de él. Solo mi hermana lo sabe. Ahora sí, estoy confiando en ti.

Asintió levemente y seguimos camino en silencio.















































5 comentarios:

  1. Uy veamos que pasa con Numa y siempre me ha gustado la pareja de Grigorri y Scarlett. Genial capítulo te mando un beso

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    1. ¡Hola Citu! Muchas gracias por comentar.
      Numa parece estar grave, veremos que pasa como tú dices.
      Scarlet y Grigorii comienzan a afianzar su convivencia. Me alegro que te gusten.
      Un beso grande y genial semana para ti.

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  2. Hola, Lou... Kriger desea que Mike perdone su infidelidad, y yo creo que Mike no va a tener problema en perdonarle... pero ya no puede amarle, está absolutamente enamorado de Chelle
    Y temo que sea Camile quien averigüe quién es Chelle Ovensen
    He disfrutado viendo tan felices a Grigorii y a Scarlet... bueno, estoy segura de que ellos han disfrutado más que yo ;-)
    Tanto Sebastien como Bernardo están preocupados por la futura relación entre sus razas
    La amistad que ha nacido entre Carl y Miyo es preciosa... y me encanta el significado del nombre de ella
    Ya Douglas se ha enterado del amor que existe entre Numa y Ekaterina... Tenía que acabar pasando, y ha pasado
    Bianca se ha puesto de parte de Douglas... yo me pongo de parte de Numa
    Creo que nadie está obligado a contar de quién está enamorado; todo el mundo tiene derecho a su privacidad, a su intimidad... Y tampoco era sencillo, para Numa, hablarle a Douglas de lo que sentía por Ekaterina dados los prejuicios de este
    Bueno, ahora lo realmente importante es que Numa se recupere de ese terrible accidente
    Magnifico capítulo, Lou... Te felicito
    Muchos besos

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    1. ¡Hola Mela! Un placer leer tu comentario, como siempre.
      Comienzo por darte la razón en cuanto a Mike. Perdonará la infidelidad, podría estar segura. Por la sencilla razón que ya no le interesa. La confianza que perdió en él pasó a un tema secundario debido al gran amor que siente por Chelle.
      También coincido que donde está Camile nada puede ser bueno. Averiguará y su veneno quizás triunfe. El problema es si Mike sabe quien es verdaderamente Chelle por boca de otro. Por supuesto, Chelle no sabe que es tan importante y aterrador el apellido Huilliche para su chico de lo contrario se lo diría. Jugarreta del destino, bueno... también de la autora.
      Grigorii y Scarlet han disfrutado de su convivencia y yo me alegro mucho que tu disfrutes el capi.
      Carl ha encontrado en Miyo una amistad transparente y divertida. Creo que este nuevo Carl, se lo merece.
      Douglas y NUma... Bueno... Difícil situación entre los dos amigos. Pienso que tu comentario lleva la objetividad perfecta y es lo que le falta a Bianca, sentir a Douglas como hijo no la hace imparcial. Sabe que estuvo mal y quizás hable con él pero frente a terceros lo defenderá siempre.
      Douglas y sus veintidós años es arrebatado e impulsivo aunque no todos los jóvenes son así. (Creo que debe andar por los veintidós) Te confieso que ya me he perdido un poco con las edades en este quinto libro, tendré que volver atrás.
      Douglas ha dicho cosas por sentirse dolido y lo peor que ha hecho es no detenerse y escuchar a Numa. Su temor al rechazo evidente a Ekaterina provocó que no se animara a contarlo. Como tu dices, no era nada sencillo.
      Tú sabes que mis personajes no son perfectos, ni siquiera Sebastien que la verdad la tendrá complicada con los lobos. Muchos sentimientos en juego y a veces decisiones rigurosas y no tan necesarias. Ya me contarás.
      Me queda mandarte un besazo grande y muchas gracias por estar aquí. ¡Feliz semana!

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  3. Salam kenal
    Dan sukses selalu
    Nice artikel

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